CAPITULO 3: EL COMIENZO DE UNA AVENTURA

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Leo ya se había instalado en el lugar hasta que vio por la ventana al objetivo de su misión.

Leo: (Por fin llegaste, Gato)

Vió que Gato había enterrado toda su indumentaria en el jardín y luego se acercó a la puerta y golpeó.

Mamá Luna: ¡Ya le dije al Departamento de Salud que aquí no hay gatos! – oye el maullido de Gato y abre la puerta – ¡Oh, no eres del Departamento de Salud, ¿O sí?! ¡Claro que no! – levanta a Gato – Será mejor que entres bebé porque un mundo nos vigila – cierra la puerta – Yo soy Mamá Luna, este es mi hogar y ahora también es tu hogar, para siempre tu hogar – dijo para después de reír dulcemente, haciendo que Gato trage saliva

Leo: (Jejejeje, esto será interesante, ¿No es cierto, jefe?)

Lobo: (Si, jajaja. Sigue observando. A propósito, te ves lindo con estos guantecitos tejidos a manos) – se burló de su secuaz

Leo: (No diga eso, jefe. Me avergüenza) – piensa muy sonrojado

Mamá Luna se baño con Gato y lo limpio.

Mamá Luna: Apuesto a que ni nombre tienes – dice mientras seca a Gato – pero sabes algo, he pensado en uno perfecto. Voy a llamarte... Pepinillo – le coloco un collar con el nombre bordado – Hermanos gatos, hermanas mininas, él es su nuevo compañero. Saluda, Pepinillo

Deja a Gato en el suelo y él sonríe tontamente.

Gato: Miau, eh

Todos los gatos le gruñen de odio, incluso Leo, también haciendose presente el gato del "Ohhhhh"

Gato: ¿Qué? ¿Dije alguna palabrota? Es mi segunda lengua

Leo: Si – se acerca Gato – Nos dijiste: "Váyanse al infierno, mar****"

Gato: No lo sabía – dice mientras se quita los guantecitos de las patas – Espera, ¿Te conozco?

Leo: No, en realidad, pero es un placer conocerte... Pepinillo – se ríe un poco descontrolado

Gato: Si – dice algo irritado – Ríete lo que quieras

Leo: Lo sé. Debería parar o si no ofendo al increíble Gato con Botas, pero sin las botas creo que llamaré el Gato sin Botas – se ríe de nuevo

Gato: Si, si, ja ja ja – se ríe sarcásticamente y se retira

Gato explora un poco el lugar para intentar acomodarse. Leo recuerda con humor cuando Gato estaba haciendo en el baño, pero Mamá Luna lo mando a la caja de arena compartida.

Gato: Aquí es donde la dignidad viene a morir

Leo: No es tan malo cuando te acostumbras, Pepinillo y apúrate que estoy que hago del 2

Otro día, Mamá Luna sirvió la comida para gatos y Gato no quería comerla, así que trató de hacerse unos pancakes, pero Mamá Luna le lanzó agua como reprimenda.

Leo vió en primera fila la caída del gato que se creía una leyenda solo por tener vidas extras para desperdiciar, pero pronto terminó con la apariencia de un gato senil con barba.

Los días pasaron. Gato seguía comiendo la comida para gatos, pero a su lado estaba Perrito, quién comía con felicidad que golpeaba a Gato sin querer con la cola postiza que tenía pegada.

Gato: Por favor, intentó comer, digo miau o como se diga – dice sin importancia y desánimo

Perrito: Lo siento – se percaté del habla de Gato y se emociona – ¡Eres un gato que habla, yo soy un gato que habla! ¡Hay que hablar!

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