Pov de Paul
Otro día en La Push. Igual que los anteriores, desde que... bueno, desde que mi vida cambió por completo. Desde que descubrí que las viejas leyendas de la tribu eran reales. Que sí, que podíamos convertirnos en enormes lobos para proteger a nuestra gente. Lo gracioso es que, al principio, pensé que era una broma. Pero luego, con todo ese caos en mi cabeza, me di cuenta de que, por primera vez, tenía un propósito. Algo para lo que fui creado.
Y cuando me contaron lo de las improntas, esa leyenda que hablaba de que había alguien destinado para mí, no voy a mentir: me emocioné. ¿Quién lo diría? Yo, el mujeriego de la Push, con fama de tener el temperamento de un volcán en erupción. Ninguna chica se quedaba mucho tiempo cerca. O me tenía miedo, o simplemente se cansaba del show. Y claro, nadie se preocupaba por mí... ni por lo que había dentro de este desastre de persona que soy.
Estaba tan hundido en mis pensamientos, contemplando la playa como si fuera un filósofo triste, que no escuché a Jared hasta que me gritó:
—¡Hey, tío! ¡Vamos, Sam nos está llamando!
Me sobresalté como un idiota, me giré de mi sitio y caminé con él rumbo a casa de Sam.
—¿Qué te pasa, Paul? —me preguntó Jared mientras caminábamos—. ¿Tu ligue de anoche no fue bien?
Apreté los dientes con fuerza. Claro que no fue bien. La chica huyó en cuanto vio mi mal genio, justo después de que le lanzara una silla a un tipo que derramó su copa sobre mí. Detalles menores. No respondí. Jared lo entendió y no dijo nada más. Era el único que sabía cuándo cerrar la boca. Sabía que si me quedaba callado era porque estaba a punto de explotar. Lo agradecí, en silencio, por supuesto.
Al llegar a la casa de Sam, ya estaban todos: Sam, Embry, Jacob y los Clearwater, Seth y Leah. Todos con la misma cara de cansancio y hartazgo que uno tiene cuando sabe que algo va mal, pero no tiene el poder de evitarlo.
—Bien —empezó Sam, con esa voz suya que suena como si estuviera esculpida en piedra—. Ya que estamos todos aquí, voy a reasignar las patrullas. Después del incidente con Harry, no puede volver a suceder algo así. Dos de nosotros saldrán a cazar un oso. Lo presentaremos al sheriff como el culpable para que nadie más entre a cazar en el bosque. Y aumentaremos las patrullas de dos a tres por turno. Los más jóvenes tendrán guardias nocturnas para no faltar al instituto.
Yo pensé: Genial, otro castigo cortesía de la vampiresa favorita de Forks. Todo esto porque Isabella tuvo la brillante idea de abrir la boca sobre los "lobos gigantes". Claro, se lo dijo al sheriff y luego puf, Harry muerto. Y aquí estamos, trabajando horas extras para tapar sus desastres. Maravilloso.
Sam nos explicó que los que aún íbamos al instituto tendríamos patrullas por la tarde o noche, así no interferiría con las clases. El resto del tiempo lo pasaríamos durmiendo o comiendo en casa de Emily, la impronta de Sam. Jared y yo estábamos en penúltimo curso, teníamos 17. Jacob y Embry iban un año por detrás, con 16. Y el pequeño Seth, que apenas había empezado, tenía solo 14. Las patrullas matutinas serían para Leah y Sam, los dos con 19.
Y entonces, el bombazo:
—Una cosa más... —dijo Sam—. Los Cullen han vuelto. Y han vuelto con Isabella.
De reojo vi a Jacob tensarse como una cuerda de violín. No me sorprendió. La chica se había ido justo el día que Harry murió, todo para salvar al chupasangre suicida. Romántico y estúpido a partes iguales. No entendía cómo alguien podía enamorarse de alguien como ella. Tan egoísta. Y encima ni siquiera era su impronta.
—¿Y no vamos a hacer nada, Sam? —saltó Jacob, encendido.
Sam lo fulminó con la mirada.
—No, no haremos nada. Isabella Swan ya no es nuestro problema. No podemos cambiar su decisión de estar con los Cullen. Y lo hace voluntariamente. Ha causado suficiente daño. No la protegemos más.
—¡Pero sigue siendo humana! ¡Es nuestra labor protegerlos! —insistió Jacob.
Y ahí no pude callarme.
—No es nuestra labor proteger a alguien que pronto ya no lo será. Ella eligió, Jacob. Y claramente no te eligió a ti. Deja de lloriquear, ni que fuera tu impronta.
Eso fue como tirarle gasolina a un fuego. Jacob se volvió hacia mí, furioso:
—¿Y tú qué sabes? ¡Si te la pasas metido en cada cama que encuentras! Por eso nunca vas a encontrar a tu impronta. ¡Porque nadie te va a querer!
Las palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago. Empecé a temblar. Todos se apartaron. Sabían lo que venía. Mi autocontrol era una broma de mal gusto.
Y entonces pasó. Me transformé.
Esperaban que atacara a Jacob. Pero no lo hice. No porque no quisiera, sino porque estaba... cansado. ¿Quién iba a querer a alguien como yo? Era solo un tipo furioso con fama de idiota. Ni una sola chica en La Push quería quedarse. Todas se iban. Yo no tenía nada que ofrecer.
Corrí, sin mirar atrás. Me perdí en el bosque hasta llegar a un claro rodeado de árboles. Me tiré al suelo, exhausto, atrapado en mis pensamientos. Cuando los demás entraron en el enlace mental, me destransformé. No quería que me escucharan. Solo necesitaba estar solo.
Pov de Sam
Vi a Paul salir corriendo y me giré hacia Jacob, furioso.
—¿Se puede saber a qué vino eso? Sabes cómo es. ¿Cómo pudiste decirle eso?
Jacob me sostuvo la mirada, pero con menos fuerza que antes.
—Porque es un imbécil que se mete en lo que no le importa. No tenía derecho a hablar así de Bella.
—¿Que no le incumbe? —mi voz fue más fría que nunca—. Nos hemos estado jugando el cuello por errores suyos. Llevamos meses lidiando con la pelirroja por su culpa. Harry murió por su culpa. ¡Los Cullen han vuelto por su culpa! Estás distraído todo el tiempo. Tratas mal a tus hermanos por ella.
Jacob bajó la cabeza, palabra por palabra. Estaba empezando a entender. Por fin.
—Más te vale no volver a reaccionar así. Embry, Leah: vamos a patrullar. Yo iré con vosotros. Los demás, volved por la mañana. Ya os diré los horarios.
Nos transformamos y salimos. Por un segundo, pude sentir los pensamientos de Paul. Dolor. Soledad. Un vacío enorme. Luego se destransformó. No quería que lo oyéramos. Lo entendí. Pero dolía. Seguimos la patrulla en silencio.
Pov de Paul
Volví a casa. O al menos al sitio donde dormía. Nunca fue un hogar. Entré y escuché el televisor encendido en la sala. Mi padre estaba ahí. Dormido frente a la tele, como siempre. Seguramente borracho.
Los chicos decían que tenía suerte de que no se diera cuenta cuando no estaba en casa. Que así me ahorraba sermones. Si tan solo supieran. No se puede tener suerte cuando no le importas a nadie. Mi padre... mi padre era un borracho que solo gritaba y golpeaba cuando estaba consciente. Y claro, ellos no lo sabían. ¿Cómo iban a saberlo? Yo era cuidadoso. Y además, las heridas se curaban rápido.
Pasé junto a él y subí las escaleras. Lo vi, confirmando lo que ya sabía: estaba fuera de combate. Solo esperaba que mañana desapareciera unos días como solía hacer. Me tumbé en mi cama, las palabras de Jacob todavía repitiéndose en mi cabeza.
Nadie te va a querer.
Tal vez tenía razón. Me dormí con esos pensamientos, mientras una tormenta comenzaba a formarse en el horizonte.
ESTÁS LEYENDO
TORMENTA (crepúsculo: Paul Lahote)
Fiksi PenggemarPaul era el mas malhumorado de la manada, siempre estaba enojado por algo y no ayudaba que los de su propia manada lo incitara pero en realidad paul se sentía solo, solo en medio del caos que eran su mente y su ira como una tormenta que podía acabar...
