No debes jurar en vano…
Es algo que los mayores siempre repiten, ¿no?
Juras proteger, cuidar, amar.
Juras no fallar.
Pero si prometes cuidar a alguien,
no puedes simplemente destruirlo con tus propias
manos… ¿verdad?
Entonces, ¿por qué los humanos juramos tanto
si casi nunca cumplimos
aquello que prometemos?
No lo sé…
a veces parece que juramos solo para salir del paso,
para tranquilizar conciencias,
para fingir que sentimos más de lo que realmente sentimos.
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Imagínate lanzar una piedra contra un hermoso cristal.
Se parte en mil pedazos.
Intentas recogerlos, unirlos uno por uno,
pero ya está roto.
Puedes pegar los fragmentos que quedan,
esforzarte, tener cuidado…
pero jamás vuelve a ser igual.
Las grietas siguen ahí, recordándolo todo.
Un ejemplo claro es Colombia:
como una persona alegre, luminosa,
destruida poco a poco por quienes la rodeaban.
Traumas y dolores son lo único que queda cuando el cristal se rompe en mil y un trozos.
_________.__________
Pov Colombia.
—¿P-por qué…? —se pregunta, sollozando de rodillas, con la voz hecha pedazos—.
Cuando todo empieza a volverse más soportable…
¿por qué me pasa esto a mí?
¿¡Por qué!?
La pregunta se pierde en el aire, sin respuesta, sin consuelo, repitiéndose una y otra vez en su mente
como un eco cruel que nadie quiere escuchar.
_______.________
Pov Venezuela:
—¿¡Qué mierda estás diciéndome!? —grita, con la voz quebrada, temblando entre rabia y dolor— ¿Por qué…?
¿Por qué él, de todas las personas posibles?
Las palabras salen desordenadas,pesadas,
como si cada una arrancara algo de su pecho.
No entiende, no quiere entender.
No ahora.
No así.
Porque cuando el dolor elige,
nunca parece hacerlo al azar.
Siempre apunta directo al lugar que más duele.
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𝐕𝐚𝐬 𝐚 𝐛𝐫𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐦𝐢 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐄𝐬𝐦𝐞𝐫𝐚𝐥𝐝𝐚
General FictionColombia, un país que, aunque en su infancia y adolescencia le arrebataron la felicidad, nunca dejó de sonreír. Sonreía con heridas abiertas, con el alma cansada, con la esperanza temblando en los labios. Hasta que un día llegó al punto de no retorn...
