Capítulo 8 - Lazos de Amor

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El viento gélido chocaba contra el rostro de Penemue mientras sus alas azabache batían con fuerza a través de las nubes. Había recorrido kilómetros sin descanso desde que abandonó aquella celda. La culpa de las facciones no le importaba en lo absoluto; lo único que le daba fuerzas para seguir adelante era el deseo de reencontrarse con el castaño al que amaba.

-Espérame, Issei... Te voy a encontrar -susurró para sí misma, ajustando su dirección tras sentir una lejana y pesada perturbación mágica en el ambiente.

Siguiendo el rastro de la reciente batalla en Rumania, Penemue descendió hacia las afueras de Midgest. El olor a sangre y magia quemada aún flotaba en el aire. Al llegar al lugar donde el grupo DxD había sido derrotado, sus ojos violeta se posaron en las marcas de destrucción: la firma del poder de la destrucción de Sirzechs aplastada, rastros de magia sagrada rota y, sobre todo, una densa energía vampírica combinada con la presencia de Issei.

-Llegué tarde para el enfrentamiento... pero este rastro... no hay duda, es él -pensó la ex-cadre, tocando el suelo manchado de sangre carmesí.
Siguiendo el rastro de energía que conducía directamente hacia el antiguo mausoleo, Penemue extendió sus alas y retomó el vuelo, decidida a encarar lo que tuviera que encontrar al final del camino, sin importar que Issei hubiese cambiado o que estuviese rodeado de vampiros.

Mientras tanto, en el interior del Mausoleo
El silencio en el salón principal era absoluto. Milicas se mantenía de pie frente a Issei y Krul Tepes, habiendo tomado la decisión de no regresar jamás con la familia que permitió la caída de su héroe.

-Estoy listo -repitió el pequeño pelirrojo con voz firme, mirando directamente a los ojos carmesí del castaño.

Issei miró a Krul, quien asintió levemente. La reina vampiro se acercó a Milicas y, usando una pequeña daga, hizo un corte fino en su propia mano. Issei hizo lo mismo. Dos gotas de sangre -una de un rojo puro y antiguo, y otra de un rojo brillante cargado con la vitalidad del Dragón/Vampiro- se fusionaron en el aire.

-Bebe, Milicas. A partir de este momento, dejas de ser la sombra de los Gremory para convertirte en nuestro linaje -declaró Krul con solemnidad.

El pequeño ingirió la sangre combinada. De inmediato, una ráfaga de energía carmesí envolvió su cuerpo. Milicas soltó un leve ahogo mientras su aura demoníaca era purgada y reestructurada; sus ojos cambiaron a un rojo intenso y dos pequeños colmillos se asomaron en su boca.

Venelana y Zeouticus observaron con asombro y alivio cómo su nieto renacía bajo una nueva protección, libre del destino trágico de las facciones.

Justo cuando el ritual concluía y Milicas caía rendido por el abrumador cambio en sus venas, Issei lo sujetó con firmeza pero con notable delicadeza, recostando al pequeño sobre los brazos de Venelana, quien lo recibió entre lágrimas de alivio.

En la entrada de la fortaleza, las alarmas mágicas resonaron levemente. Un guardia vampiro ingresó a toda prisa inclinándose ante la reina.

-Krul-sama, una caída de alto rango acaba de cruzar la barrera exterior. No muestra intenciones de ataque, pero se dirige directamente hacia el mausoleo.

Issei cerró los ojos por un instante y, al abrirlos, ese intenso rojo carmesí destelló con ligera sorpresa.

-Es Penemue... -murmuró el castaño.
Krul alzó una ceja, notando el cambio en la mirada del chico.

-¿La conoces? -preguntó la pelirosa con curiosidad.

-Ella fue la única que no me dio la espalda -respondió Issei mirando hacia la entrada-. Déjala pasar.

Gota de sangre - [ Terminada ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora