Capítulo 7 - Mi nuevo Yo

466 39 6
                                        

El mausoleo se mantenía en completo silencio.

Las antorchas de fuego azul iluminaban los pasillos de piedra oscura, proyectando sombras alargadas sobre las paredes cubiertas de símbolos antiguos. Aquel lugar ya no era nuevo para ellos. Desde hacía un tiempo, ese mausoleo se había convertido en la base principal de los vampiros.

Milicas seguía inconsciente en los brazos de Issei. Su respiración era lenta, pero estable. El castaño avanzó por los pasillos con paso firme, sin mostrar cansancio alguno, mientras varios vampiros se apartaban a su paso, observándolo con respeto y cautela.

Krul Tepes caminaba a su lado, tranquila, con su expresión seria de siempre.

-Déjalo en una de las habitaciones internas -ordenó-. Estará vigilado.

Issei no respondió. Asintió levemente y se desvió hacia un pasillo lateral. Llegó a una habitación sencilla, hecha de piedra sólida y protegida por varios sellos vampíricos. Se acercó a la cama y dejó a Milicas con cuidado, acomodando su cuerpo para evitar que cayera.

El demonio no reaccionó.

-No despertará pronto -dijo Krul, observándolo-. El golpe fue fuerte.

Issei se quedó unos segundos mirando al inconsciente, con una expresión difícil de descifrar.
-Cuando despierte... se decidirá qué hacer con él.
Krul no discutió. Solo cerró la puerta con un movimiento de mano, activando los sellos de seguridad.

Ambos regresaron al salón principal del mausoleo. El lugar era amplio, dominado por un enorme trono de piedra negra. Varios vampiros se encontraban reunidos, y al notar su presencia, inclinaron ligeramente la cabeza.

Issei avanzó hasta una superficie pulida de piedra.

Su reflejo quedó al descubierto.

Ojos rojos, colmillos visibles.Las marcas oscuras recorriendo su cuerpo, no apartó la mirada los recuerdos regresaron.

La traición, las miradas frías, las promesas rotas, el castaño apretó los puños, pero no mostró dolor alguno.

-El Issei de antes ya no existe -dijo con voz baja-. Murió el día que lo entregaron.

Krul se colocó frente a él y levantó la voz, haciendo que resonara en todo el salón.

-Escuchen.
Los vampiros se arrodillaron de inmediato ante su reina.

-Desde hoy -continuó-, Issei Hyodou deja atrás su pasado.

-No pertenece a humanos, ya no pertenece más a los demonios -. Krul lo miró directamente a los ojos.

-Acepta lo que eres.

Issei permanecía en silencio. No luchaba. No se resistía.

Aceptaba.

El castaño cerró los ojos por un momento y luego los abrió con decisión.

-Este es su nuevo yo.

Las antorchas de fuego azul iluminaban débilmente el lugar, proyectando sombras suaves sobre las paredes de piedra. Milicas yacía inconsciente sobre la cama, su respiración era lenta pero estable. Los sellos vampíricos seguían activos, manteniendo la habitación aislada del resto del mausoleo.

Dos presencias se detuvieron frente a la cama.
Venelana Gremory observaba al joven demonio con el ceño fruncido, su expresión reflejaba una mezcla de preocupación y culpa. A su lado, Zeouticus Gremory mantenía los brazos cruzados, serio, analizando cada detalle de la habitación.

-Sigue sin despertar... -murmuró Venelana.

Colocó una mano sobre la frente de su nieto, revisando con cuidado su estado.

Gota de sangre - [ Terminada ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora