Capítulo 12 - El Fin de una Era

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El cielo sobre las tierras de Rumania se tiñó de un rojo enfermizo, oscurecido por miles de círculos mágicos de teletransportación que se abrían al unísono. Del firmamento descendían batallones enteros: la infantería pesada del Inframundo luciendo armaduras oscuras, escuadrones de ángeles caídos desplegando sus alas de sombras con lanzas de luz en mano, y ejecutores de la Iglesia portando espadas sagradas bendecidas para la purificación. La coalición de las facciones, impulsada por la paranoia del Consejo Demoníaco y la locura de los Gremory, había desplegado una fuerza de invasión nunca antes vista.

​Al frente de la vanguardia marchaban Sirzechs Lucifer, Rias y Grayfia, acompañados por generales nobles y escuadrones de élite. La mirada de Sirzechs estaba completamente desquiciada, consumida por el aura roja de la destrucción que emanaba de su cuerpo sin control.

​-¡Apunten a las estructuras principales! -bramó un general del Consejo Demoníaco desde la retaguardia-. ¡No dejen a un solo vampiro en pie! ¡Borren el mausoleo del mapa!

​Los primeros proyectiles mágicos y ráfagas de luz sagrada cayeron sobre las barreras del castillo, haciendo retumbar la tierra con explosiones ensordecedoras. Sin embargo, antes de que el primer batallón de demonios pudiera cruzar el perímetro exterior, el suelo bajo sus pies comenzó a agrietarse.

​De la penumbra del bosque y las catacumbas circundantes emergieron las legiones de los vampiros primigenios. Sin emitir un solo grito de guerra, los guerreros de Krul Tepes se lanzaron al combate con una velocidad y ferocidad aterradoras. Sus garras atravesaban las armaduras de hierro mágico como si fueran papel, mientras que la magia de sangre Progenitora hervía el aire, desmembrando a las tropas de choque en cuestión de segundos.

​La batalla se transformó de inmediato en una carnicería sangrienta. Los ejecutores sagrados intentaban contrarrestar la agilidad vampírica creando barreras de luz, pero la superioridad física y la regeneración instantánea de los vampiros primigenios convertían cada enfrentamiento en una masacre. Los arroyos de sangre comenzaron a fluir por la vegetación muerta, alimentando el poder ancestral de los nativos de la noche.

​-¡Avancen! ¡No se detengan! -gritaba Rias, lanzando esferas de Poder de la Destrucción para abrirse paso a través de las hileras de vampiros-. ¡Issei tiene que estar dentro! ¡Tengo que obligarlo a escucharme!

​En la puerta principal del mausoleo, las masivas hojas de hierro y piedra rúnica se abrieron de par en par.

​Caminando a paso lento y pausado, Krul Tepes e Issei hicieron su aparición en el campo de batalla. La Reina Progenitora vestía su atuendo regio, sosteniendo la mirada con frialdad absoluta hacia la marea de enemigos. A su lado, Issei avanzaba con el torso al descubierto; sus alas dracónicas oscuras se desplegaban con majestuosidad a su espalda y sus pupilas carmesí emitían un brillo depredador que paralizó a los soldados de primera línea.

​-Vaya desperdicio de vidas -comentó Krul con tono aburrido, alzando una mano pálida hacia el cielo-. Creen que con números pueden doblegar a los dueños de estas tierras.

​Con un ligero movimiento de sus dedos, la sangre derramada en el campo de batalla cobró vida propia. Cientos de estacas de sangre cristalizada brotaron violentamente del suelo, empalando a decenas de soldados del Consejo y ángeles caídos en un abrir y cerrar de ojos. Los gritos de agonía resonaron por todo el valle.

​-¡Issei! -el rugido de Sirzechs cortó el estruendo de la guerra. El antiguo Maou se abrió paso entre la muchedumbre, rodeado por un aura destructiva tan densa que desintegraba el suelo a su paso-. ¡Devuélvenos a Milicas! ¡Regresa a la Casa Gremory y paga por tu traición!

​Issei se detuvo y fijó sus ojos en Sirzechs. Una sonrisa helada y burlesca se dibujó en su rostro.

​-¿Traición? -preguntó Issei con una voz resonante que retumbó en las mentes de todos los presentes gracias a su aura de Dragón Primigenio-. Fueron ustedes quienes encadenaron mi cuerpo y conspiraron para deshacerse de mí cuando ya no les resultaba útil. Y ahora vienen a mi hogar, a sangrar en mis tierras, creyendo que aún tienen algún derecho sobre alguien.

Gota de sangre - [ Terminada ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora