CAPITULO 8

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Kudou aparece y consigue sujetarme firmemente por el brazo, pero no estoy planeando correr ahora.

Miro hacia el hospital, justo a tiempo para ver el resto de la estructura desaparecer, y la lucha sale de mí. Todas esas personas, los cientos de heridos, los parientes, los médicos del 13, ya no están.

Me giro hacia Kudou, veo la hinchazón en su rostro dejada por la bota de Katsuki. No soy un experto, pero estoy bastante seguro de que su nariz está rota. Sin embargo, su voz suena más resignada que enojada.

—Vuelve a la pista de aterrizaje.

Obedientemente, doy un paso hacia delante y hago una mueca cuando me vuelvo consciente del dolor detrás de mi rodilla izquierda.

La ráfaga de adrenalina que invalidó la sensación ha pasado y las partes de mi cuerpo se unen en un coro de quejas.

Estoy machacado y sangriento y alguien parece estar martillando en mi sien izquierda dentro de mi cráneo. Kudou rápidamente examina mi rostro, entonces me recoge y trota por la pista. A medio camino de allí, vomito sobre su chaleco antibalas. Es difícil de notar porque él está corto de aliento, pero creo que suspira.

Un pequeño aerodeslizador, uno diferente al que nos transportó aquí, espera en la pista. En el segundo en que mi equipo está a bordo, despegamos.

No hay cómodos asientos ni ventanas esta vez. Parecemos estar en alguna especie de nave de carga. Kudou aplica primeros auxilios en las personas para sostenerlas hasta que volvamos al 13. Quiero quitarme el chaleco, ya que conseguí una justa cantidad de vómito en él también, pero hace demasiado frío para pensar al respecto.

Me acuesto en el piso con mi cabeza sobre el regazo de Katsuki. Lo último que recuerdo es a Kudou extendiendo un par de sacos de artillería sobre mí.

Cuando despierto, estoy cálido y suturado en mi vieja cama en el hospital. Mi madre está allí, revisando mis signos vitales.

—¿Cómo te sientes?

—Un poquito golpeado, pero bien —digo.

—Nadie ni siquiera nos dijo que ibas a ir hasta que te habías ido—dice.

Siento una punzada de culpa. Cuando tu familia ha tenido que enviarte dos veces a los Juegos del Hambre, este no es el tipo de detalles que deberías pasar por alto.

—Lo siento. Ellos no estaban esperando el ataque. Sólo se suponía que iría a visitar a los pacientes —explico—La próxima vez, haré que te lo aclaren.

—Shoto, nadie me aclara nada —dice ella.
Es cierto. Ni siquiera yo. No desde que mi padre murió. ¿Qué pretendo?

—Bueno, haré que…te lo notifiquen de todos modos.

Sobre la mesa junto a la cama está un trozo de metralla que quitaron de mi pierna. Los doctores están más preocupados por el daño que mi cerebro podría haber sufrido por las explosiones, ya que mi conmoción no se ha curado completamente para empezar con eso.

Pero no tengo doble visión ni nada y puedo pensar lo suficientemente claro. He dormido bien por la tarde y en la noche, y me estoy muriendo de hambre. Mi desayuno es decepcionantemente pequeño. Sólo unos pocos cubitos de pan remojado en leche tibia. He sido llamado para bajar a una reunión matutina en el Comando.

Empiezo a incorporarme y entonces me doy cuenta de que ellos planean hacer rodar mi cama de hospital directamente allí. Quiero caminar, pero eso está descartado, así que hago negociaciones para ir en una silla de ruedas.

Me siento bien, de verdad. Excepto por mi cabeza, y mis piernas, y el dolor de los moretones, y la nausea que me golpea un par de minutos después de que como. Quizá la silla de ruedas es una buena idea.

Los Juegos Del Hambre Sinsajo (Dekutodo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora