Al atardecer, Jeremie llegó a su castillo entrando por la ventana del cuarto de su padre. Solo iba a pasar por allí hasta que vio un brillo tenue que venía de debajo de la cama. Se agachó cuidadosamente para no hacer ruido y miró. Era la piedra lunar Halifax. La había estado ocultando todos estos años. Jeremie no lo entendía. Luego entró su padre a la habitación acercándose lentamente sin que el se diera cuenta, el padre entró lentamente hasta llegar junto a él. Le clavó su espada por la espalda, Jeremie se retorcía por el dolor. Se preguntó por qué y Halifax le susurro al oído que hacía esto para reencontrarse con su padre y se tenía que asegurar de que nadie sepa donde se encontraba y así Jeremie cayó, dejando una mancha de sangre que se escurría en el suelo a través de las tablas de madera.
