Capítulo 5: No Me Celes

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El final de aquella pesadilla estaba llegando a su última etapa; no era su realidad sino un mal sueño. Juli estaba intentando despertarlo porque lo escuchó gritar como un loco desenfrenado.

-Te amo solo a vos Juliana por favor.. perdóname.

Incluso había visualizado su rostro con una expresión de miedo que jamás había visto; el sudor se hizo presente, su rostro estaba pálido como si hubiera visto un fantasma pero cuando logró despertar a lado de su amada, sintió un alivio, no hizo más que abrazarla. Aún así la joven seguía sin entender lo que había ocurrido; el día pasó rápido porque Ale llevó a su amada princesa a realizarse un cambio de look, sus cabellos ahora estaban de un hermoso color rubio ese tono hacían resaltar esos hermosos ojos verdes tan encantadores.

No obstante; el príncipe tenía cuestiones por resolver, necesitaba hacer que Juliana saliera inocente de lo sucedido en su primer reino. Estuvo moviendo varias influencias; porque no podían pasar la vida escapando; además su mayor deseo era casarse con ella para hacerlo la alternativa era volver a su primer reino, solamente así su matrimonio sería válido pero debía mostrar su inocencia.

Sin embargo; de regreso a su actual reino se encontró con una escena incómoda para él; los celos lo invadieron Juli solamente podía ser de él. Quizás el mayordomo tan misterioso que habían contratado estaba pasándose de los límites al tocar tan despreocupadamente una de las piernas heridas de su amada.

-Te pido que dejes a mi amada en paz, yo me encargaré de curarla.

Debía admitir que ahora entendía más como llegó a sentirse su Juli; cuando pasaba tiempo con aquella fémina que actualmente había partido al otro mundo; ese mayordomo astuto no hizo más que expresar una sonrisa ladina pero a la vez burlona en esos seductores labios que poseía, esos ojos carmesí que con solo mirar a su víctima devoraban su alma; y lograban convencerla de amarlo, su nombre era Sebastian Michaelis provenía de la ciudad de Londres pero no era un ser humano común; sino un demonio que estaba enloquecido por la belleza de Juliana, parecía que no tendría fácil conquistarla; hace minutos atrás intentó lanzarle un susurro indiscreto a esa mujer que lo tenía mal con su rechazo, hasta intentó atraparla en sus redes del amor; pero esa joven amaba demasiado a su príncipe Ale. Ese amor puro jamás lo había visto en los humanos; quizo secuestrarla pero aquel hombre inoportuno llegó a tiempo; cuando Juliana dijo que estaba bien, en el momento exacto que le pidió retirarse lo hizo. Su querida Lady, era quién le daba órdenes debía seguirlas sin réplica alguna, aún así los celos del príncipe no desaparecían por completo además. ¿Quién en su sano juicio no sería posesivo con esa belleza de mujer?, no permitiría que nadie toque a su mujer.

-Ale deja de celarme..no pasó nada, solo veía mi pierna me lastimé, odio las ramas quería hacer una corona para vos pero terminé herida..que frustrante, soy una salame.

Ale se inclino hacia ella para besar la herida de su pierna; mientras le brindaba una pequeña caricia a su rostro, acercó el botiquín de primeros auxilios para así empezar a desinfectar lentamente la herida; aunque la rubia estaba con una expresión de tortura en su rostro, el la fue distrayendo hablando que su cabello rubio era hermoso y lo tenía fascinado; logró colocarle una bandita en su pierna para cubrir aquella pequeña herida de su pierna dando un par de caricias, susurrándole al oído a su amada cuánto la amaba.

-Te amo, mi princesa. Nena por favor no vuelvas a lastimarte o a salir sin mí, no necesitas armar coronas para demostrarme tu amor, me basta con tus besos y caricias, con que me digas lo que sientes y te amo, no dejaré que nadie se te acerque corazón..sos únicamente mía, al igual que tu voz cuando cantas, debes cantar solo para mí.

La joven rubia esbozó un seductora sonrisa en sus labios; aceptando tal orden en un acto atrevido e inesperado le otorgó su respuesta; dándole así una pequeña mordida al labio inferior de su pareja que lo dejó sin palabras.

El tiempo transcurrió; le dieron buenas noticias al príncipe Alejandro el reino de Miranda accedió a que ellos volvieran; Juliana siendo una princesa relevante del reino no podían perderla quedó absuelta de todo juicio, de todo crimen, de todo pecado. Cuando volvieron juntos los preparativos de la boda empezaron; todo lo organizaron juntos y el día tan esperado llegó, la princesa entró con un vestido de sueño blanco; el sacerdote los unió en matrimonio ahora eran marido y mujer, disfrutaron de esa boda tan anhelada por ambos, el beso que se dieron delante de los invitados fue tan dulce pero apasionante; su amor atravesó barreras. Y tuvieron una luna de miel maravillosa, brindaron con champán, eran insuperables; nadie era completamente feliz, pero ellos eran el vivo ejemplo del amor real y si bien tuvieron sus problemas al final siempre los resolvían con amor, aunque eso no quitaba que el príncipe Ale estuviera al pendiente de su princesa más ahora que aquel mayordomo la tenía entre sus ojos, esos ojos, esa boca que lo único que buscaban ahora era devorar a su amada reina de su corazón y eso no lo permitiría.

Aún así, Ale era detallista y protector todos los días con su Juli; no la dejaba sola ni un segundo, además le recordaba ese amor eterno que se juraron esa noche apasionante.

-Te amo mi Juli. Sos la única reina de mi corazón.

Juliana en un principio no sabía nada del amor. Ale le enseñó, quizás lo de ellos hubiera sido amor a primera vista pero no logró ser así porque antes de que Juliana enloqueciera al príncipe Ale desde un inicio, Lorena había lanzado un hechizo en aquella fiesta para que él despreciará y rechazará a su princesa, la muy víbora planeaba quedarse con él pero Juli no permitió esa barbaridad y la rubia salió victoriosa porque ahora el príncipe era completamente suyo, obedecía todo lo que su Juli le dijera, además ahora tenía el título que merecía de reina, estaba tan enamorada y feliz con su ahora rey Ale.

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