El barrio está caliente. Las pandillas se pelean por el poder.
Y entre todo eso, siete chicas encuentran el amor
Ellas son leales, fuertes y peligrosas si las subestimas.
Pero alguien decidió usarlas para destruir al líder.
¿El error? Pensar que era...
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Chat privado: Nahoya – Ran
Bello Anabello Dale Pelusita, di que sí
Mira que eres insistente Anabelle, ya dije que no
Bello Anabello Solo es un pequeño paseo nocturno, son apenas las 08:30, la noche aun es joven
Me importa un carajo la juventud de la noche, no quiero salir de la comodidad de mi casa por dar un paseo contigo
Bello Anabello Anda...
Si me dices que no, le digo a Rindou que le diga a la pequeña Angry que salgan conmigo para que hagan la compañía que me estás negando
Eso si no lo voy a permitir muñequito del demonio
Sou se queda aquí conmigo en la comodidad de su casa
Ni drogada dejo que andes con mi hermana...
De hecho, todavía no sé cómo es que dejo a mi hermana salir con el tuyo
Bello Anabello Porque es guapo y encantador al igual que yo
Si me dejara guiar por eso no la dejo salir ni contigo, ni con nadie
...y para aclarar, la dejo salir con tu hermano por el simple hecho de que me genera confianza, algo que tu no
Bello Anabello Eso dolió Pelusita...
Pero al menos me queda el consuelo de que no desmentiste el hecho de que piensas que soy guapo y encantador
En tu sueños trencitas
Bello Anabello Vamos Pelusita, anda, sale conmigo
Mira, aceptaré salir contigo por el simple hecho de que no quiero que me sigas insistiendo
Nos vemos en el parque que queda a unas cuadras de la torre de Tokyo
Bello Anabello De eso nada Pelusita, iré a buscarte como todo un caballero, así que espérame que en menos de media hora llego allá
Está bien, te espero
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Nahoya se levantó del sofá en el que había estado acostada para dirigirse a su habitación en busca de un conjunto cómodo. Al final se decantó por un top naranja escote corazón, unos jeans skinny color beige, unas botas altas negras de tacón cuadrado, un tabardo marinero igual de color negro y una bufanda de crochet blanca que le había tejido su madre el invierno pasado