Extra 2

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Estoy finalizando mi cuarto año en la universidad. Increíble,  ¿verdad? Ha sido dificil, más aun cuando tengo que trabajar a medio tiempo y tener al día mis examenes o ensayos de la universidad.   De hecho, justo en estos momentos me encuentro en el trabajo. Soy un humilde barista de cafe, el cual trabaja un solo día en la semana y los fines de semanas; sabado y domingo.

Nunca pensé que terminaría trabajando en una cafeteria. Me hubiera gustado encontrar un trabajo de medio tiempo en lo que estoy estudiando. No es que me desagrade ni nada, pero pensé que trabajaría en otro lugar, asi como comida rapida, pero me gusta finalmente, ademas de que me dan horarios flexibles para que no interrumpa mis estudios.  Aunque si soy sincero, hay dias en lo que me pregunto realmente que hago con mi vida, si cuando termine mis estudios seguiré trabajando aquí o no. He pasado bastante tiempo aqui, ya me acostumbré.  Es como si por unas horas el mundo funcionara bajo reglas simples; alguien pide, yo preparo, alguien agradece, y listo. 

-Hey, universitario agotado, llevas 5 minutos mirando el vaso- escucho decir a Ciara, mi compañera de trabajo y amiga.

Levanto la vista y la miro frunciendo el ceño.

-Estoy pensando, obviamente.

-Yo diria que disociando. Pensar mirando un vaso vacio suena preocupante.

Ciara lleva trabajando aqui mas tiempo que yo. Tiene esa irritante habilidad de notar cuando estoy distraido, lo que tristemente pasa mas seguido de lo que me gustaría admitir.

-¿semana dificil?- pregunta mientras limpia la maquina de granos de café.

-Hay un ensayo que aún no he podido terminar.

-Ah, la vida universitaria- dice con dramatismo, un tanto sarcastico.- no extraño nada de eso.

Suelto una carcajada.

El local comienza a llenarse lentamente. Nada fuera de lo normal para un sabado en la tarde. Una pareja discute en voz baja en una mesa cercana, un grupo de estudiantes ocupa la mesa grande del fondo, y una señora mayor se acerca al mostrador con la misma sonrisa de siempre. Ah, Gladys, tan amable que es ella.

-Lo de siempre, por favor.

-Americano doble sin azucar.- digo antes de que Gladys pueda seguir hablando.

Ella sonrie con satisfacción.

-Por eso eres mi favorito.

-No diga eso muy fuerte que Ciara puede oirla, se pone celosa.

-Ya los escuché.- medio grita Ciara.- solo por ello no lo preparé y tendras que hacerlo tú mismo.

Con Gladys nos reimos.

-Ya vuelvo señora Gladys. 

Preparo su café con movimientos automáticos. He repetido este proceso tantas veces que mis manos parecen funcionar solas. A veces agradezco eso. Mantiene mi mente ocupada.

La señora toma su café, me agradece y se va. Otro cliente llega. Luego otro. Y otro más.

El turno avanza rápido, como casi siempre.

-Voy a tomar mi descanso —dice Ciara mientras se quita el delantal.- Trata de no incendiar el local.

-Es imposible, aqui no hay nada para prender, ni cerillas. Además nunca ha pasado.

-Porque yo estoy aqui es que no ha pasado.

Niego con la cabeza mientras ella desaparece por la puerta trasera.

Limpio la barra, organizo algunos vasos y reviso el reloj. Falta poco para que termine mi turno.

El local queda momentáneamente más silencioso. Solo se escucha la máquina, el murmullo de las conversaciones y el sonido ocasional de la puerta abriéndose cuando entra algún cliente nuevo.

-Bienvenido -digo de forma automática, sin levantar la vista mientras tomo un vaso.

-Un latte vainilla, por favor.

Mi mano se detiene.

Esa voz.

El sonido de la cafetería parece apagarse de golpe. Siento cómo mi pecho se aprieta mientras levanto lentamente la mirada, temiendo que mi mente me esté jugando una mala pasada.

Pero no.

Es ella.

El tiempo no pasó por ella... o al menos no como imaginé que lo haría.

Su cabello está más largo. Su postura es más segura. Sus tatuajes siguen ahí, marcando su piel como pequeñas historias que alguna vez intenté descifrar con la mirada cuando creía que estaba enamorado de una fantasía.

Nuestros ojos se encuentran.

Y vuelvo a tener dieciseis años.

Su respiración se corta levemente. 

-...Finn -dice en un susurro.

Escuchar mi nombre en su voz después de tantos años hace que algo en mi pecho se rompa y se reconstruya al mismo tiempo.

-Hola... Violet.

Ella baja la mirada un segundo y luego vuelve a mirarme. Hay algo distinto en sus ojos ahora. Algo más suave. Menos distante.

El silencio entre nosotros dura demasiado. O quizás no lo suficiente.

-Nunca pude agradecerte -dice.

Parpadeo confundido.

-¿Agradecerme?

-Si... por no odiarme ese día.

Mi garganta se seca.

-Nunca te odié.

Ella sonríe apenas.

-Igual fui cruel.

Niego con la cabeza.

-Fuiste honesta. Y tenías razón.- sonrio

-¿Sabes... —continuo— Siempre pensé que si volvía a verte iba a decirte algo.

-¿Qué cosa?

La miro directamente. 

-Gracias por romper mi corazón, chica de los tatuajes.

La chica con tatuajesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora