Extra 3

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-Gracias por romper mi corazón, chica de los tatuajes.

El aire parece quedarse atrapado en mis pulmones.

No esperaba escuchar algo así. No de él. No después de tantos años. No después de haber ensayado mil veces en mi cabeza qué diría si alguna vez volvía a verlo... y definitivamente eso no estaba en ninguno de mis escenarios.

Lo observo en silencio.

Finn ya no es el chico nervioso que conocí en la salida del colegio. Su postura es distinta. Su mirada es más firme. Incluso su voz suena más segura. Más tranquila. Como si hubiera aprendido a convivir con las cosas que duelen sin dejar que lo rompan.

Y de alguna forma, eso me hace sentir orgullosa.

Durante años me pregunté si había sido demasiado dura con él. Si debí haber elegido otras palabras. Si debí haber sido más suave... aunque supiera que eso solo habría prolongado algo que, en ese momento, no tenía cómo funcionar.

Recuerdo perfectamente su cara ese día. Recuerdo lo mucho que me costó decirle que no. Y recuerdo que me fui sintiendo como la peor persona del mundo... aunque supiera que era lo correcto.

Lo miro ahora, de pie frente a mí, usando un delantal, sosteniendo un vaso vacío, mirándome como si el tiempo no hubiera pasado realmente.

Y me doy cuenta de algo que me asusta un poco.

Nunca dejó de mirarme de esa forma.

-Finn... -susurro-ya no eres un niño.

Lo digo casi sin pensar, pero es la única frase que logra escapar de todo el torbellino que tengo en la cabeza.

Él sonríe. 

-Me tomó tiempo demostrarlo.

Bajo la mirada un segundo, intentando ordenar mis pensamientos. Intentando ignorar el latido ridículamente rápido de mi corazón. Vine por un café. Solo por un café. No por enfrentar fantasmas del pasado que, al parecer, nunca dejaron de ser importantes para mí.

Lo observo de nuevo. Tiene pequeñas ojeras. Probablemente por la universidad. Sus manos se mueven con seguridad sobre la barra, pero puedo notar el leve temblor cuando deja el vaso a un lado. 

-¿A qué hora terminas tu turno? -pregunto antes de poder detenerme.

Él mira el reloj.

-En veinte minutos.

Asiento.

Podría irme. Sería lo más lógico. Lo más seguro. Lo más adulto.

-Puedo esperar -digo.

La forma en que su expresión cambia hace que algo cálido se instale en mi pecho. No es sorpresa. No es incomodidad,es... esperanza. Y eso me asusta más de lo que debería.

Me siento en una de las mesas cercanas mientras él prepara mi café. Intento distraerme mirando el lugar, pero mis ojos vuelven a él constantemente, como si tuvieran memoria propia.

Recuerdo cuando me enviaba esas notas.

Recuerdo cómo esperaba encontrarlas sin admitir que lo hacía.

Recuerdo haber pensado que era demasiado joven para entender lo que sentía... cuando en realidad, creo que yo era demasiado cobarde para enfrentar lo que yo sentía.



La chica con tatuajesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora