Solitario día de lluvia.
Te vi pasar por la calle,
tus manos estaban ocupadas.
En una sostenías un paraguas;
y en la otra, posiblemente,
al amor de tu vida.
Mis manos no tenían la misma suerte.
Solo sujetaba con fuerza mi pecho,
con miedo a perder el aliento
y la poca dignidad de saludarte.
La lluvia se reía de mí,
el sonido que provocaba me advertía
de lo ingenua que fui durante años.
Sin duda, eres feliz ahora.
La mujer que sostiene tu mano,
se ve honesta y dulce;
ya no tendrás que preocuparte
por problemas insignificantes.
La lluvia seguía, al igual que tu vida,
y yo, solo era una mujer sin paraguas
en un día lamentable.
ESTÁS LEYENDO
Una Vida Gris
Puisi¿Has tenido una vida gris? Cuando el dolor de las pequeñas cosas te atormenta, cuando la vida que deseabas no fue posible, al final del camino se encuentra un nuevo inicio. No importa la brevedad de la vida o los daños causados por ella, para todos...
