El trayecto de regreso a casa transcurrió en un inusual silencio, lo cual resultó bastante extraño viniendo de Alessandro, quien suele comentar animadamente sobre los nuevos modelos de ropa de Madame Charlotte o las damas de los diferentes clanes con las que saldría. Su mutismo me desconcertaba y preocupaba al mismo tiempo. Sin embargo, decidí respetar su silencio, confiando en que compartiría conmigo lo que verdaderamente le preocupaba.
Al llegar al castillo, fui recibida por un ambiente inusualmente quieto, lo cual resultaba extraño considerando que la presencia de la corvo debería haber generado algún tipo de perturbación. Mis sospechas se confirmaron cuando un escalofriante peligro acechó, casi atrapándome en una trampa mágica.
Gracias al entrenamiento que tuvimos Alessandro y yo desde pequeños para incrementar velocidad y reflejos, pude escapar a tiempo. Sin embargo, mi tranquilidad se desvaneció al adentrarme en mi habitación, donde una ráfaga de viento me lanzó violentamente por la ventana hacia el jardín.
¿Acaso se volvió loca? La incertidumbre se apoderó de mí mientras me erguí en el suelo, observando mi entorno con cautela.
Fue en ese preciso instante cuando mis ojos se encontraron con ella. Mi cuerpo reaccionó instintivamente, acercándome sigilosamente, aumentando la velocidad, desenvainando mi espada y colocando la hoja afilada contra su cuello lista para actuar.
—Un solo movimiento más con esa varita y enviaré tu cabeza a volar, Montessori— amenacé
Con calma, la bruja replicó: —Inténtalo, Russo, y veremos quién pierde la cabeza primero— manteniéndonos en un tenso silencio.
De repente, la habitación se llenó con un estallido de risas, rompiendo la solemnidad del momento. Nuestros rostros se volvieron hacia la fuente de aquella risa liberadora, revelando a Alessandro, entrañable y despreocupado, sosteniendo el vino en una mano y tres copas en la otra
—Realmente nunca cambian la forma de saludarse, ¿verdad? —su voz resonó con jovialidad, disipando las sombras de la confrontación—. ¡Salud!
—Agh, ¿tenías que arruinarlo así?—bromeé, mientras guardaba mi arma y rodaba los ojos.
—Si Alessandro, ¿tenías que arruinarlo de esa forma? — intervino Lilith con tono juguetón, acercándose para quitarle el vino de la mano —. "Hola a ti también".
— Ustedes dos están locas, un día de estos se rebanarán alguna parte del cuerpo — comentó mi gemelo, dejando las copas en la mesilla junto a mi cama, esperando que Lilith las llenara de vino.
Aunque habría sido mejor si hubiera sido sangre, sería más delicioso.
— Creo que estás exagerando demasiado — respondí aceptando la copa que la curva me pasaba —. Además, ya sabes lo que dicen: "Amistad que no se amenaza de muerte...
— No es una verdadera amistad"... — completó la frase Lilith, llegando a mi lado —. Por cierto, ¿qué estamos celebrando?
— El triunfo de Izel dentro de dos días, en el enfrentamiento por ser nombrada General — respondió Alessandro, orgulloso, recostado en el sofá con la copa en mano.
— Y tu coronación como rey al dia siguiente — argumentó Lilith, llevando una sonrisa fingida por parte de él, algo que empezaba a preocuparme un poco. Prefería hablarlo luego a solas con él.
Es decir, confío demasiado en Lilith, pero sé que a Alessandro no le gusta mostrarse vulnerable delante de nadie, y mucho menos de alguien que le ha gustado durante mucho tiempo, aunque siempre lo niega, diciendo que jamás aceptarían a Lilith como reina siendo una bruja. Eso es lo que lo hace cobarde, pero estoy segura de que daría la vida por ella. Hace falta ver cómo le brillan los ojos cada vez que la ve.
En cierto modo, entendía a mi hermano. Lilith pertenecía al clan de las brujas y era realmente preciosa; la tez morena de su cuerpo la hacía ver tan diferente a nosotros y aún más atractiva, en contraste con nuestra piel blanquecina de vampiros de sangre pura. Además, de tener un cabello largo y ondulado, junto con unos ojos color miel que la hacían ver tierna, a pesar de ser en realidad una loca descabellada obsesionada con artefactos mágicos.
Y es exactamente esa locura, la que le encantaba a Alessandro.
Ahora, lo que me preocupaba era por qué ella estaba aquí. Es mi mejor amiga y siempre es bienvenida en el clan, pero nunca viene sin avisar, quizás porque le gusta que Nana le haga una tarta de zarzamora, nuestra favorita, la cual no es la preferida de Alessandro. Le gusta que la tengan lista un día antes, según ella así sabe más deliciosa.
— Lilith — llamé su atención y ella regresó la mirada con una sonrisa cómplice, como si dijera "necesito un favor de ti o un favor en ti", y eso era aún peor.
— Ya sé que vas a preguntarme por qué vine sin avisar, aunque estés feliz de verme — respondió antes de que pudiera preguntarle algo, sorprendiéndome —. Y es que sí, necesito un favor, en ti.
— No — la interrumpí antes de que siguiera hablando.
— Al menos déjame decirte qué es — reprochó, cruzando los brazos, mientras Alessandro la miraba con fascinación.
Y él dice no amarla.
— No —
— Pero...
— No.
— Al menos deberías escucharla — intervino mi gemelo.
— No sé si olvidas que la última vez que me convenciste de ayudarla, estuve sin cabello durante una semana — me crucé de brazos, recordándola —. Y tuve que usar una cofia. ¡Una maldita cofia! — expresé con molestia —. ¿Sabes cuánto las odio?
— Pero te veías preciosa, combinaban con tus ojos grises — comentó ella animadamente.
— Combinaban con los ojos verdes de Alessandro, no con los míos — me crucé de brazos indignada.
Ni siquiera eso recordaba, ¡está loca! Por eso es que no quería verla hasta la coronación. Es decir, si me convertía en general, era más que obvio que iba a estar muy ocupada y así evitaba ser una rata de la Torre Mágica en los experimentos de Lilith.
—Sí, pero recuerda que la siguiente vez solo cambié de color tu cabello, fue algo suave, y además te veías bellísima con el negro —insistió, intentando convencerme.
—Gracias, pero prefiero conservar mi rojizo —le aseguré—. Además, ahora que recuerdo, después de eso, mis ojos cambiaron de color a negro por un mes y no podía ver nada de colores, excepto por el blanco y el negro.
—Pero...
—Y la vez anterior a esa, mi cuerpo se volvió azul por un mes. Eso fue peor que quedar calva, no tenia con que cubrirlo, todos en el clan se burlaron de mí —reproché al salir de mi habitación.
—Prometo que esta vez será diferente —insistía—. Solo quiero intentar sacar la serpiente de tu marca.
¿Qué estaba diciendo? ¿Sacar la marca?
Solo los mas grandes brujos y magos podían hacer eso y ella aun era una aprendiz, una de las mejores, pero seguía siendo aprendiz.
—Jamás —le aseguré—. Además, ¿por qué no lo haces en Alessandro? Estoy bastante segura de que él aceptará gustoso —sonreí con malicia al ver la cara de pánico que había puesto.
—Ah, yo... a.. ahora.. no puedo, debo ir a la cocina a buscar a Nana —balbuceaba intentando huir.
—No te preocupes, yo puedo decirle lo que quieras —me acerqué a él—. Serás un gran prototipo para ella —le susurré solo para que el escuchará.
—Buena suerte chicos, y por favor Lilith, ¡no destruyas mi habitación! Mejor ve a experimentar con Alessandro en el jardín —pedí mientras salía de allí—. ¡Adiós chicos!
—Espera, Piccolo Fiore, ¡no me dejes aquí! —le cerré la puerta en la cara para evitar escucharlo.
Pobre puzzolente.
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IZEL
FantasyPoder, Pasión y un corazón sin sentimientos es lo que Izel tendrá luego de ser nombrada como la nueva sucesora de la familia Russo. ¿ Que hará Izel cuando la marca de la luna que le correspondía tener a su hermano lo tenga ella convirtiéndose en la...