Capítulo 9

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                                                                                                           "No podemos controlar el mar,

pero si podemos gobernar

nuestro barco"

—Séneca.

—Su majestad, su majestad—llamaron con urgencia a la puerta de mi habitación, perturbando el momento que compartía con Dereck.

Me precipité a abrir la puerta, enfadada por la interrupción, sin darme cuenta de mi estado medio desnudo.

Me precipité a abrir la puerta, enfadada por la interrupción, sin darme cuenta de mi estado medio desnudo

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—¿Por qué me llamas de esta manera? Espero que lo que tengas para decir valga la pena. Sabe que detesto que me interrumpan mientras me alimento—expresé molesta.

—Su majestad, disculpe la interrupción. Me enviaron a llamar en cuanto terminara de comer, según la orden que usted dio en la sala del trono—respondió la persona, visiblemente nerviosa.

>¿Acaso había ordenado que alimentaran a una criada? ¿Acaso me estaba volviendo más benevolente?

—¿Quién eres tú?—pregunté, apuntando con precaución una daga a su cuello por si acaso era una espía enviada por los Sovishen.

—Soy la madre de la niña a la que usted salvó de la muerte—respondió temblorosa—Por favor, no me envíe a la guillotina, tengo una niña que cuidar—se arrodillo.

—No mato sin justificación—respondí con indiferencia quitando la daga de su cuello—Levántate.

El cambio en ella me sorprendió, se veía muy diferente: su cabello limpio y ordenado, su piel cuidada.

—Ya no pareces una ladrona vagabunda, el cambio es sorprendente—dije sin miedo a herir sus sentimientos—Ahora dime, ¿por qué has venido y por qué estás vestida así?—señalé sus ropas de criada—Nunca di la orden de que te convirtieras en una criada de mi castillo. Y, solo para informarte, nunca me interrumpas cuando bebo sangre o estoy en mi habitación, a menos que sea algo verdaderamente urgente.

—No era mi intención ofenderla, majestad—se disculpó.

—Estoy cansada de las disculpas. Mejor dime quién te envió y por qué estás aquí—respondí, ya hastiada.

—Me enviaron a informarle que los gemelos Ramsi han llegado y tienen información que darle—finalizó.

—¡Por qué no me lo dijiste antes! Deberías haberlo mencionado desde el principio y no hacerme perder el tiempo. Déjame pasar—la aparté suavemente para intentar salir, pero un carraspeo arrepentido detuvo mi movimiento.

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