3. Grave error

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La mirada de todos denotaba preocupación, por la mente de la mayoría cruzo el hecho de haber sido amenazados.

Siva se distrajo, por recibir un enlace mental, en que le cuestionaban qué hacer con el prisionero.

Por lo que salto de su asiento —hablaremos de esto, mañana. Una cosa más, nadie es bienvenido, ni se le permitirá la entrada sin previa autorización.

Ella corrió, había sido un grave error, como es que su acompañante había terminado siendo tratado como prisionero, en su mente evoco el recuerdo y fue claro, no dio instrucciones precisas, debía aprender y rápido.

En la entrada dos guardias le abrieron la puerta, pasaron por tres puertas en las que se necesitaba una clave para ingresar, escaleras abajo y a la derecha se encontraba el musculoso vagabundo, bastante relajado al parecer.

Lo vio sentarse al verlos llegar, ella se adelantó —¡no te acerques! —le advirtió el prisionero, pero ella no le hizo caso, sujeto las barras, la descarga que recibió la mando a volar, dejándola tirada a los pies del guardia.

—Princesa... —apenas si dijo en susurro el guardia, algo avergonzado, ya que no evito ese percance.

—¡No sabías que están electrificados los barrotes! —ella rodó los ojos y se levantó, tomo aire y se infundió de valor, cada cosa que hacía salía mal.

—Abre la celda, hubo un tremendo malentendido. Te ofrezco una disculpa, no fui clara con respecto al tipo de trato que debías recibir y... —el guardia se ausentó.

La vergüenza en el rostro de Siva era evidente, él se levantó y carraspeo, por suerte el guardia regreso y con bajar una palanca e insertar una llave la puerta se abrió.

Ya estando fuera del lugar y a distancia prudente de los oídos de otros, Siva jalo una gran bocanada de aire, —¡día difícil, eh! —dijo él.

—Soy un desastre... y a este paso, terminarán apoderándose de todo el trabajo de mis padres y mis ancestros.

—No sé cuál sea la situación, pero puedo escucharte, prometo no juzgar ni dar un consejo no solicitado.

—Vamos, tu día gracias a mí ha sido horrible también, te proporcionaré lo que prometí.

Caminaron una vez más hacia la manada, entraron directo a un pasillo que los llevo a escaleras por las que subieron hasta que tuvieron que tomar un ascensor, el cual los llevo al punto más alto de la montaña.

Allí estaban las habitaciones de la familia Alfa, para que se abrieran las puertas del ascensor, Siva puso su huella en un lector de biométricos.

El espacio era amplio, ocupado por muebles modernos y no había muros o no muchos, la mayoría eran amplios cristales que dejaban ver el exterior, una vista formidable o aterradora para los que le temen a las alturas.

—Te traje aquí para no ser interrogada, espero que eso al menos me gane el derecho de saber tu nombre.

—¿Cómo lo supiste? —él cuestionó, ella solo levantó los hombros, ladeo la cabeza invitándolo a pasar.

—Soy Killian, lamento la mentira, pero ya viste, termine en una celda.

—Y espero poder compensarte por ello.

Siva le mostró el camino a una de las habitaciones —aquí podrás descansar, en el baño encontrarás lo necesario para tu aseo, revísalo y si deseas algo en particular, dime, lo pido enseguida.

Killian obedeció y fue a mirar, al regresar —una rasuradora o rastrillo me vendría genial.

Siva pensó, fue a la habitación que era de su hermano, dudo antes de abrir la puerta, sintió un nudo en la garganta, pero se dijo así misma que tarde o temprano debía hacerlo.

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