En el año 3024, la humanidad vive en una era dorada, donde la tecnología futurista se entrelaza con la estética retro de los años 90. La Tierra y varios planetas han sido colonizados, y la nanotecnología ha hecho que la vida sea casi perfecta. Pero...
La ciudad ahora es un páramo desolado, bañado por la luz crepuscular del sol poniente. El humo denso y negro se esparce por todos lados como un sudario que cubre la tierra.
Un espectro emerge lentamente de la niebla, es un robot con apariencia humana, su cuerpo metálico de color negro parcialmente regenerandose. Sus movimientos son lentos pero llenos de una determinación inquebrantable y con una presencia de terror.
- Te lo dije, Sam. Este es el final de todo, no te queda nada, no te quedan amigos, no te queda familia, nadie vendra a salvarte. Nunca se trato de ti. Este es mi legado. La voz del Robot es aspera, imponente y cargada de un profundo odio.
Detrás del, en el horizonte, una nave espacial gigantesca desciende del cielo, su silueta imponente esparce el humo dejando ver un cielo teñido de naranja.
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Mucho tiempo atras
Año 3025, Londres.
La alarma resonó por todo el apartamento a las 07:30 A.M., sacudiendo a Samuel Bartolomeo Allen de sus sueños. Con 22 años, Samuel, un joven uruguayo, había dejado atrás su tierra natal para trabajar como pasante en una de las más avanzadas sucursales de investigación en el centro de Londres. Su apartamento, aunque modesto, estaba decorado con el minimalismo tecnológico característico de la época.
Sacudiéndose el sueño, Samuel se levantó y se dirigió al área de ejercicio, una pequeña sección de su apartamento donde una cinta de correr holográfica emergió del suelo al detectarlo. Mientras corría, el sudor se acumulaba en su frente, pero su mente estaba lejos, enfocada en los proyectos que tenía que revisar en la sucursal ese día.
Tras finalizar su rutina, se dió un baño y cepillo y se dirigió a la cocina, se preparó un café. Al levantar la taza, la superficie se iluminó brevemente, mostrando las palabras "Café listo". Samuel tomó un sorbo y se dirigió al salón, donde la televisión futurista se encendió automáticamente al detectar su presencia. La pantalla, flexible y transparente cuando estaba apagada, se materializó como una ventana digital suspendida en el aire, proyectando imágenes y datos directamente en su línea de visión.
Las noticias del día capturaron inmediatamente su atención. Una reportera holográfica apareció en el centro de la sala, rodeada de imágenes en movimiento. "Continúan las huelgas y marchas en varias ciudades del mundo en contra de la implementación de nanotecnología en humanos. Aunque los expertos aseguran que aún faltan años para que se realicen pruebas en personas, la población exige detener estos experimentos antes de que sea demasiado tarde".
Samuel observó las imágenes de la multitud enardecida, sosteniendo pancartas que leían "No a los nanos en nuestros cuerpos", "Protege nuestra humanidad". Al mirar esas noticias no podía dejar de sentir curiosidad por los avances tecnológicos que estaban en juego.
El joven ingeniero sabía que el mundo estaba al borde de una revolución, no podía evitar preguntarse qué tan involucrado terminaría estando en todo esto. Terminado su café, se vistió rápidamente y salió de su apartamento, listo para otro día en la ciudad que nunca dormía.