Elise siempre pensó que el era su héroe, el chico que le había enamorado con su "estupida" sonrisa, pero aveces el amor nos ciega.
Luke solo tenía una razón por la cual le dolía traicionar al campamento, Elise. La niña que con trece años le robó el...
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— ¡A vuestras cabaña, ahora!— intervino el centauro mientras se acercaba con los pequeños sanadores de la cabaña 7. La oleada de niños se dispersó dejando ver a los cinco niños, dos conocidos y tres nuevas caras, pero ninguna de ellas coincidía con la hija del dios del rayo.
— Una no sobrevivió, pide a los hijos de Ares que busquen por la zona algún rastro de la faltante.— dio la orden a uno de los presentes mientras soltaba un suspiro. El niño acotó las órdenes al instante mientras que los demás empezaban a llevar a los nuevos campistas a la enfermería y sanar cualquier herida.
— Quiron, ¿cuál de estos fue reclamada por mi padre?— hablo el líder de la cabaña 7, Jake Simms.
— La niña con el cabello castaño claro, Elise Myers.— respondió para luego empezar a avanzar con los campistas que ya estaban cerca de la enfermería.
Cuando Jake giró su cabeza vio a una de las más pequeños intentando llevar a Elise, pero al ser mayor que él no podía levantarla. — Peque, ya lo hago yo, tú ve a jugar.— Jake le dio unas palmaditas en la cabeza para luego levantar a su nueva media-hermana. El sabía que esa niña era especial, si no ¿cómo era posible que justo al llegar su padre la reclamara?
Llegando a la enfermería, la dejo en una habitación y decidió ser el cuidador para cuando levantara. Pues debía de enseñarle el campamento y su cabaña. Se acercó para curarle las heridas superficiales y se detuvo a mirarla. No tenía en si una apariencia muy parecida a su padre, pero si algunas características que delataban que era su hija.
Era una chica de unos 12 o parecido, de cabello castaño que llegaba hasta el pecho, tenía algunas pecas alrededor de sus mejilla y su nariz, que se mezclaban con el lunar en su ojo izquierdo. Pudo notar como su cara estaba arrugada probablemente por todo lo que habían pasado hasta llegar al campamento o que igual estaba recordando a la campista que no llego. Prefería no tener suposiciones por si eran erróneas.
Cuando termino de curarla se sentó una silla esperando a que se despertara pues no era un desmayo por haber sentido un dolor fuerte, si no más del cansancio que su cuerpo había experimentado durante todo el recorrido, así que no tardaría mucho en despertar.
Mientras esperaba escuchó sollozos provenientes de su acompañante y algún que otro susurró.
— No te vayas por favor.— empezó a moverse aún más.— No me dejes.— Lloraba la pequeña.
— Estoy aquí, no me voy a ir a ningún lado.— Le agarro la mano y fingió hacerse pasar por la persona por la cual lloraba para que se relajara.
— Has muerto y no pude hacer nada, perdóname, Thalía, perdón por no haber sido lo suficiente buena...— Dio un último susurro para dormirse apretando la mano de su medio-hermano. Al nombrado le partió el corazón esa frase, no la conocía pero al fin y al cabo era su hermana pequeña. Ver a un familiar sufriendo le partía el alma. Se acomodó en la silla e intentó dormir un rato hasta que su hermana despertara.