Elise siempre pensó que el era su héroe, el chico que le había enamorado con su "estupida" sonrisa, pero aveces el amor nos ciega.
Luke solo tenía una razón por la cual le dolía traicionar al campamento, Elise. La niña que con trece años le robó el...
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—Si yo no te pico, tú no me matas, ¿si?— sonreí volando a su alrededor.
— Cielo pásame un libro o algo para matar al mosquito por favor— hablo el señor de unos 30 años mirándome con asco. Creo que no me está entendiendo.
—Señor por favor.— rogué mientras volaba rodeándolo.
— Por dios no soporto el zumbido, rápido.— me quejé, o huyó o me van a aplastar como una suela de un zapato a un chicle en el suelo de la calle.
¿Porque la gente es tan mala con los mosquitos? Que les hacemos, yo también necesito comer y no es mi culpa que su sangre sea mi alimento. Cuando me acerque a lo que creía que era la salida me lleve un buen golpe. Si era el cristal, me han cerrado la ventana que hijos de puta. Además el señor ya se acerca con un libro de tapa dura, uy eso me va a doler. Mientras más se acercaba, más yo intentaba huir por algún lugar sin éxito, pues me acorraló en una esquina sin salida, así que le volví a rogar.
—Oiga, yo no le hecho nada, déjeme libre por favor.— no importo ya que se acercó aún más. Cerré los ojos esperando un impacto el cual nunca llego.
— Linda despierta..—Abrí los ojos y vi la cara del señor muy cerca de mi.—¡despierta!
Me levante de golpe soltando un grito, mientras notaba como el sudor bajaba por la frente.
—Ey, tranquila.— agarro mi brazo tranquilizándome.— Perdón por gritarte es que parecía que tenías una pesadilla y no despertabas ¿Estás bien?.
En ese momento mi mente recordó que me había quedado dormida en el hombro de Luke y todo lo que vi era solo un sueño, bastante normal para ser uno mío.—Si si no pasa nada, gracias por despertarme Luke. ¿Cuánto dormí?
—Media hora más o menos.— Me miro con esos ojos curiosos rodeados por un bosque de pestañas larguísimas.—¿Qué soñaste para despertar tan alterada?
— Nada que era un mosquito y estaba apunto de ser asesinada por un señor treintañero con un libro de tapa dura.— se río en mi cara, lo mire mal. —¿Se puede saber que te hace tanta gracia? Lo he pasado muy mal con ese sueño.— intenté poner mi mejor puchero, pero seguro que en ese momento parecía un orangután medio dormido.
—¿Es en serio qué tu pesadilla fue ser un mosquito?— Se volvió a reír aún más fuerte llamando la atención de los demás.
—¡Cállate!— le tape la boca con las dos manos avergonzadas. Lo malo es que no calcule bien la fuerza pues pareció más un empujón ya que lo tiré al suelo, se quejó al golpear su espalda.—¿Bueno ahora estaríamos a mano no?— hablé mientras recordaba como esa misma tarde me había empujado.