Elise siempre pensó que el era su héroe, el chico que le había enamorado con su "estupida" sonrisa, pero aveces el amor nos ciega.
Luke solo tenía una razón por la cual le dolía traicionar al campamento, Elise. La niña que con trece años le robó el...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Los primeros minutos fueron como una clase de historia; cuáles eran las cabañas y los dioses. Todo ello me parecía sorprendente, hace media hora ni siquiera sabía quien era mi yo verdadero. Si es que este lo es. Aún así había algo que me molestaba, entendía que los niños no reclamados durmieran en la cabaña de Hermes, tenía sentido. No obstante, ¿por qué también debían de dormir allí hijos de dioses menores? ¿Por qué no crearles sus propias cabañas? Y la más importante; ¿y si no soy reclamada? Mamá me había intentado convencer que mi progenitor simplemente estaba ocupado y que no podía hablar con sus hijos tanto como quiere. Pero, ¿y si no? Puede que simplemente no quiera saber de mi, debe de tener ya un montón de hijos de los que hacerse cargo. No debe de querer una más.
Mi cabeza se había convertido en un espiral de pensamientos contradictorios. Empecé a morderme el interior de la boca, buscando algo que me sacara de la pequeña ansiedad que mi propio cerebro había llamado. Para mi suerte Grover hablo, permitiéndome liberarme de las palabras hirientes que salían de mi propio pensar. —Vosotras ya os conocéis, ¿no?— Empezó la conversación mirándonos de reojo, no debía de gustarle mucho los silencios incómodos. Incomodidad que probablemente yo había creado.— No es muy común que a un semidiós se le de la misión de guiar a otro. Además, Aveline parecía emocionada.
— No digas tonterías, me emocione por mi primera misión.— Intervino chasqueando la lengua.— No por ver a esta idiota.
Sonreí mirándola, sabía que era mentira. O por lo menos algo de ello, siempre chisca la lengua cuando no dice la verdad. A la peli negra nunca le había gustado mostrar afecto físico y yo lo respetaba, porque con sus actos ya me demostraba que le importaba y con eso me bastaba.
—Tienes razón Grover, Ave y yo somos amigas desde los tres y desde que la conocí, nunca la he dejado sola.—le expliqué mientras me acercaba más a la nombrada.
—Como una sanguijuela.— Me dijo, dándome un golpe con el codo bromeando. Hice un puchero falso del que se río mientras buscaba en su mochila. Al terminar levantó la mano mostrando dos chicles y me lanzó el de envoltura verde, de sandía, mi favorito. Le sonreí como agradecimiento y ella simplemente masticó el otro.
— ¿Para mi no hay?.— El de cuernos preguntó.
— Eres una cabra, ¿Siquiera puedes?— Le contesto mientras tiraba en la papelera más cercana los envoltorios. Grover ofendido se quejó y comenzaron a tener un pequeño debate de lo que el hombre-cabra podía o no hacer. Giré la cabeza al sol dándome cuenta de que comenzaba a anochecer.
— Oye, ¿donde dormiremos?— Pregunte, mientras me abrazaba por el frío que comenzaba a haber.
— En el primer motel que encontremos.— Respondió Aveline, mirando en un mapa gigante cual era el más cercano.— Esperemos que en menos de dos semanas lleguemos al campamento.