Capítulo 3

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La semana pasó rápidamente, las clases fueron rutinarias y algo aburridas. Hice mis trabajos con antelación el día de ayer para así poder estar desocupado hoy domingo.

Mi padre regresaba por la tarde y Diego se levantaba hasta entrado el medio día, por lo que quise estar en cama más tiempo. Sin embargo, mi sueño se vio interrumpido por el continuo sonido de mi teléfono.

Intenté ignorarlo, pero ante la insistencia, no tuve más remedio que responder.

—Hola —contesté adormilado.

—¿Seguías dormido? No disfrutaras la vida si te la pasas acostado —espetó Sergio.

—¿Qué quieres? Sino es nada importante voy a colgar —amenacé.

—Vaya, esa no es forma de hablarle a tu mejor amigo —bufó—. Pero no importa, siendo un alma buena y cordero del señor te perdonaré —agregó sarcástico.

Di un resoplido. Sergio dice cada tontería.

—¿Un cordero del señor disfrutaría del libertinaje como tú? Sin tener en cuenta que...

—Shhh —me interrumpió—, esas cosas no se dicen, ¿Qué no sabes que el FBI y la CIA escucha todas las conversaciones? —inquirió.

—¿Qué...? Deja de ver teorías conspiranoicas, dejaran tu cerebro peor de lo que ya es —me burlé.

«Además quien querría espiar la vida de un cabeza hueca?».

—Pff —carcajeó durante unos segundos—. Bueno, te llamaba para avisarte que iré a recogerte a las 9 p.m. para irnos al cumpleaños de un amigo. Te enviaré la dirección por mensaje.

—¡¿Qué?! No pienso...

—Eso es todo, nos vemos más tarde —cortó la llamada.

Este loco, tonto, estúpido de Sergio me llamó temprano para hacerme enojar y lo que es peor, disponía de mi tiempo como le venía en gana. Supongo que lo hizo tras la cancelación de la salida anterior.

Estuve tentado en llamarlo para vociferarle las palabras que se merecía y negarme a su invitación, no obstante, sabía que no serviría de nada. En ocasiones anteriores ya había hecho lo mismo e incluso llegaba al punto de venir a casa y sacarme casi a la fuerza, por lo que sabía muy bien hasta donde podía llegar cuando se lo proponía. Resignado, arrojé el celular a un lado de la cama y seguí durmiendo.

Desperté cerca de las 10:30 a.m. y me di una ducha, fui a la habitación de Diego para ver si ya estaba despierto, es algo que no hacía, pero por la confianza que ya estábamos teniendo, este hecho se me hacía de lo más normal.

Toqué su puerta y no obtuve respuesta, deduje que aún seguía dormido, así que bajé a la cocina y me serví algo de yogurt y unos cereales. Luego de desayunar, decidí hacer limpieza de la casa y para cuando había terminado, era aproximadamente medio día, por lo que debía ir a cocinar.

Preparé un estofado de pollo e hice una limonada bajo en azúcar. Al poco tiempo de estar alistando la mesa, vi a Diego bajar las escaleras, bien vestido y con el cabello arreglado. No hice un comentario al respecto, solo le pedí que vaya al comedor y en un momento le servía.

Mientras comíamos, estuvimos conversando sobre algunas materias donde tenía dificultades y también de algunos profesores, quienes, según él, le tenían mala espina y siempre le llamaban la atención.

El tiempo transcurrió amenamente, ya habíamos terminado de comer y habiendo entrado en confianza, decidí preguntar.

—¿Piensas salir?

—Sí. Gaby y yo iremos al acuario y luego a ver una película. Regresaré cerca de las 9 p.m. —respondió—. Traeré algunas cosas para comer, así que no cenes pesado —agregó.

Entre Tinieblas y AnhelosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora