Cuando Louis tiene una experiencia extraña durante el sexo con una hermosa chica, descubre algo que desestabiliza toda su vida.
o
donde para Louis, que es heterosexual, sus dedos y los juguetes ya no son suficientes, su mejor amigo Harry puede tener...
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La palabra obsesión era bastante inadecuada, pensó Louis con desesperación cuando se hundió en el nuevo dildo de 15 cm, con una ventosa adherida a la silla de su habitación. Respiraba pesadamente, jadeando, mientras se apretaba alrededor del grueso juguete que tenía dentro. Joder, se sentía tan bien. La plenitud se sentía increíble, pero no era suficiente. Descubrió que le gustaba más la sensación de una polla (consolador, maldición!) moviéndose en él; tener uno en su interior no era suficiente. Quería empujar. Quería ser follado.
Mordiéndose el labio con fuerza, Louis comenzó a montar el consolador con más fuerza, pequeños gemidos salieron de su boca mientras le rozaba la próstata. Joder.
Sus ojos vidriosos captaron la foto de sus padres en su mesita de noche y Louis se sonrojó, imaginando cómo se vería, lo que sus cristianos padres pensarían si lo vieran ahora, montando un consolador totalmente cachondo. La vergüenza lo golpeó de nuevo, pero no pudo parar. Miró sus muslos, temblando por el esfuerzo, y su polla enrojecida y dura, y sintió otra oleada de vergüenza. La reluciente cabeza del consolador inquietantemente parecía la cabeza de una polla mientras lo violaba…
Louis se corrió sin tocarse, gritando, con una voz que ni siquiera sonaba como la suya. Dios.
Miró sin ver la foto de sus padres, sonrojado y sin aliento, la falsa polla aún apretada dentro de su culo. Se preguntaba qué dirían sus padres si descubrieran que esto, era lo más parecido a una experiencia religiosa que jamás había sentido.
Jodido infierno, necesitaba ayuda.
* * *
—Creo que tengo un problema —dijo Louis con gravedad, mirando su cerveza.
Podía sentir la atención de Harry agudizándose.
—¿Un problema?
Louis tomó un gran trago de su cerveza, la dejó, y miró a Harry a los ojos.
—No me he enrollado con nadie en tres semanas.
Las cejas de Harry se arquearon.
—¿En serio?
Louis asintió tristemente. Sabía por qué Harry estaba sorprendido, por supuesto. Habían pasado años desde que no se había acostado por tanto tiempo. Un levante cada pocos días era lo normal para él. Tres semanas era anormal, por decirlo suavemente.
—¿Por qué no? —dijo Harry.
Louis sintió que su rostro se calentaba. Quería decirleque era demasiado esfuerzo, pero mentirle no ayudaría con esta situación. Harry no podría ayudarle si no supiera el alcance de su problema.