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El impacto resonó en el despacho cuando los cuadros y los objetos sobre el escritorio cayeron al suelo, desplazados por el movimiento brusco con el que Harry Styles sentó a su aprendiz, Louis Tomlinson, sobre la robusta superficie de madera. El ruido podría haber llamado la atención en cualquier otra circunstancia, pero en ese momento quedó relegado al olvido, eclipsado por la intensidad del momento que ambos compartían.
El empresario, un hombre de semblante seguro y movimientos deliberados, se colocó entre las piernas del joven aprendiz. Con ambas manos firmes, Styles tomó el contorno de las caderas de Tomlinson, su agarre hambriento y decidido reflejando la pasión contenida.
Un gemido suave escapó de los labios de Louis, quien en un acto instintivo buscó los ojos de su mentor antes de morder el labio inferior del empresario. Tras compartir un beso que rozaba los límites de la cordura, se separaron lo justo para que Harry lo observara con una sonrisa satisfecha. Su mirada, cargada de deseo, descendió por el rostro juvenil de su acompañante hasta su cuello, donde dejó una huella con la lengua, recorriéndolo con precisión casi reverencial hasta plantar un beso al final del recorrido.
—Espero que demuestres ser así de bueno cuando hagas lo mismo con mi verga —murmuró Styles, su voz grave y autoritaria llenando el espacio. Las manos del mayor apretaron con más fuerza las curvas de su aprendiz, arrancándole un leve jadeo.
Tomlinson, lejos de intimidarse, respondió con una seguridad inesperada.
—Con mucho gusto, jefe.
Harry esbozó una sonrisa de satisfacción al escuchar la respuesta. Sus manos descendieron hasta el cinturón que sujetaba su pantalón. Los ojos de Louis, atentos a cada uno de los movimientos del empresario, reflejaban una mezcla de anticipación y deseo. El empresario desabrochó el accesorio con calma, dejando que el cuero se deslizara antes de bajar los pantalones hasta la mitad de sus musculosos muslos.
Con un gesto deliberado, el mayor tomó la mano de su aprendiz y lo ayudó a bajar del escritorio, guiándolo hasta que estuvo arrodillado frente a él. La acción fue pausada, casi ritualista, como si el tiempo hubiera ralentizado su curso en ese instante cargado de tensión.
—Siéntete libre, muñeco —dijo Styles, cruzándose de brazos mientras observaba la figura de Tomlinson desde su posición superior. Su tono era controlado, pero la mirada del empresario delataba su impaciencia.
Una risa leve y traviesa brotó de los labios de Louis, quien, sin apartar los ojos de Harry, acercó las manos al borde del elástico que delimitaba la cintura de los calzoncillos. Notó la marca inscrita en ellos, "Calvin Klein", y sonrió para sí mismo antes de deslizar la prenda hacia abajo con una confianza inesperada. La imagen frente a él lo dejó sin aliento por un instante, pero no tardó en recuperar la compostura. Mordiendo su propio labio inferior, el joven aprendiz permitió que su mirada hablara por sí sola mientras procesaba lo que estaba dispuesto a hacer.