011, My very old friend

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"I needed to lose you to find me
This dance, it was killing me softly
I needed to hate you to love me"

— Selena Gómez

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Harrison estaba sentado en una de las butacas frente a la chimenea de la oficina de Dumbledore, moviendo nerviosamente los dedos mientras su mirada permanecía fija en las llamas verdes que danzaban en la Red Flu. Heather, a su lado, le ofrecía pequeñas palabras de consuelo, aunque parecía entender que su ansiedad no desaparecería tan fácilmente.

—Te prometo que todo irá bien —dijo Heather, tocándole suavemente el brazo—. Mi abuela nunca dejó de hablar de ti, incluso cuando yo era pequeña. Para ella, siempre fuiste más que un amigo. Eres familia.

Harrison tragó saliva y le devolvió una sonrisa débil, pero no podía evitar que su mente se llenara de escenarios catastróficos. Cincuenta y dos años. Cincuenta y dos largos años desde la última vez que había visto a Liberty. Y aunque para él, atrapado en el espejo, ese tiempo había sido una eternidad vacía, sin recuerdos ni emociones, sabía que para Liberty había sido una vida entera.

"¿Y si ya no soy la persona que ella recuerda?", pensó. "¿Y si ella me culpa por desaparecer? ¿Y si simplemente... no quiere verme?"

Heather lo observó con una mezcla de preocupación y ternura. Ella sabía lo importante que era ese momento para Harrison, y aunque había tratado de convencerlo de que todo saldría bien, entendía que sus miedos eran difíciles de ignorar.

El leve sonido de la puerta de la oficina abriéndose interrumpió sus pensamientos. Al girarse, Harrison vio al profesor Dumbledore entrando con calma, su túnica azul cielo ondeando ligeramente detrás de él. Los ojos brillantes y arrugados del anciano mago se posaron en Harrison, y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

—Es un día importante, ¿no es así?—comentó Dumbledore con suavidad mientras caminaba hacia ellos.

Harrison asintió, incapaz de encontrar las palabras.

Dumbledore se detuvo junto a él y colocó una mano firme y tranquilizadora sobre su hombro. Su mirada era penetrante pero gentil, como si pudiera ver directamente en el corazón de Harrison y entender sus temores más profundos.

—Harrison, la vida tiene una manera curiosa de preservarnos en los recuerdos de aquellos que nos aman. Incluso cuando el tiempo pasa, incluso cuando las circunstancias cambian. Lo que importa es el vínculo, no las arrugas que puedan haberse formado con los años.

Harrison respiró hondo, dejando que las palabras de Dumbledore calaran en su interior.

—Gracias, profesor—murmuró finalmente.

Dumbledore le dio un leve apretón en el hombro antes de dirigirse hacia la chimenea y sacar un pequeño frasco de polvo Flu de uno de los estantes.

—Bien, señor Jones, señorita Le Roy. Es hora.

Harrison se levantó, ajustándose la chaqueta con nerviosismo. Heather le dedicó una sonrisa tranquilizadora antes de tomar su mano.

𝑴𝑬 𝑨𝑵𝑫 𝑻𝑯𝑬 𝑫𝑬𝑽𝑰𝑳 [HIATUS]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora