Gojo Satoru, con la energía vibrante que lo caracterizaba, se plantó frente a la puerta de la casa de Megumi.
La noche caía sobre la ciudad moderna de tokio, pintando el cielo con tonos púrpura y naranja.
Su corazón latía con una mezcla de nerviosismo y anticipación. Había planeado esta visita durante días, ensayando mentalmente las palabras que usaría para confesar sus sentimientos a la persona que tanto ama.
Megumi, con su habitual seriedad, abrió la puerta. Sus ojos oscuros, usualmente inexpresivos, se abrieron ligeramente al ver a Gojo ahí a esas horas de la tarde-noche. Llevaba una camiseta holgada y pantalones de chándal, una imagen que contrastaba con la habitual extravagancia de Gojo.
Megumi: Gojo-sensei. ¿Qué hace aquí?-preguntó Megumi, su voz suave y ligeramente sorprendida viéndolo desconcertado.
Gojo sonrió, una sonrisa que prometía travesuras y posiblemente problemas
Gojo: Tengo algo importante que decirte, Megumi -dijo un poco agitado viendo al niño que prácticamente crió siendo un adolescente-adulto teniendo su propio departamento.
Entraron en la casa, el ambiente cálido y acogedor. Gojo, incapaz de contenerse, se acercó a Megumi, su mirada fija en la del joven. La tensión en el aire era palpable.
Megumi: Que tenía que decirme -pregunto el pelinegro mientras cruzaba los brazos y miraba a su sensei y protector mayor.
Gojo: Megumi, he estado pensando mucho en ti...-dijo Gojo, su voz más grave de lo habitual.
Megumi: Así ?-dijo pero fue interrumpido por el peliblanco, las palabras se quedaron a medio camino. La cercanía de Megumi, su aroma sutil, la forma en que la luz de la lámpara resaltaba sus rasgos, todo se combinó para abrumar a Gojo. La declaración planeada se desvaneció, reemplazada por un deseo ardiente.
Sin previo aviso, Gojo acortó la distancia, tomando a Megumi por la cintura. El agarre fue firme, posesivo. Megumi, sorprendido, intentó retroceder, pero Gojo lo atrajo hacia sí, sus labios buscando los de Megumi.
Megumi: Que demonios - dijo mientras intentaba alejar a su maestro, cosa que no pudo debido a la fuerza del mayor
El beso fue intenso, demandante. Gojo, impulsado por la pasión, profundizó el beso, sus manos explorando la espalda de Megumi, sintiendo la suavidad de su piel bajo la tela. Megumi, inicialmente sorprendido, respondió al beso, sus labios cediendo a la presión de Gojo.
Gojo: Megumi -susurro lentamente - No sabes cuanto he esperado esto, déjate llevar -dijo al momento de seguir besando al pelinegro, quién solo asintió lentamente.
La ropa se convirtió en un obstáculo innecesario. Gojo, con una urgencia que lo consumía, despojó a Megumi de su camiseta, revelando su torso delgado y musculoso. Megumi, por su parte, desabrochó los botones de la camisa de Gojo, ansioso y avergonzado por sentir su piel contra la suya.
La pasión se desató. Los besos se volvieron más profundos, las caricias más audaces. Gojo, con una destreza que solo la experiencia podía dar, guio a Megumi hacia el dormitorio. La cama, deshecha y acogedora, se convirtió en el escenario de su encuentro.
El sexo fue salvaje, apasionado. Gojo, con su fuerza y dominio, tomó la iniciativa, mientras que Megumi, con su aparente frialdad, se entregó a la experiencia, su cuerpo respondiendo al tacto de Gojo con una intensidad inesperada. Los gemidos llenaron la habitación, mezclándose con el sonido de la respiración agitada.
Cada toque, cada beso, cada movimiento era una declaración de deseo. Gojo, en ese momento, olvidó la declaración que había planeado. Solo existía el presente, la conexión física con Megumi, la necesidad de poseerlo, de ser poseído.
Después, exhaustos y satisfechos, yacieron en la cama, entrelazados. El silencio, roto solo por sus respiraciones, era tan íntimo como el acto que acababan de compartir. Gojo, acariciando el cabello de Megumi, sintió una oleada de ternura, una emoción que iba más allá del deseo físico.
"Megumi...", susurró Gojo, su voz ronca. "Te amo."
Megumi, con los ojos cerrados, sonrió ligeramente. "Lo sé, Gojo-sensei."
La noche continuó, llena de caricias, besos y promesas silenciosas. La declaración de Gojo, aunque no fue como la había planeado, había sido hecha, sellada en el fuego de la pasión y la intimidad. Y en ese momento, en esa cama, en esa ciudad moderna, el amor entre Gojo y Megumi floreció, más fuerte y profundo que nunca.
No se que paso pero, paso lo que tenía que pasar y obvio alguien amanecerá con dolor de espalda 🙂 pero feliz obviamente 🤑
Nos vemos
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Gojo-sensei siendo Gojo
RandomGojo siendo pervertido en todo momento GoFushi Gojo x Fushiguro
