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Unos pasos se acercaban a la habitación de aquella peliazul.
───¡Señorita Liriel!───La sirvienta toco un par de veces la puerta. Esto hizo que la chica que se encontraba en el otro lado, se despertará.───Despiertese por favor.
La adolescente frotó suavemente sus ojos y se acomodó en su cama en silencio.
───¿Señorit-?
───ya estoy despierta───Contestó la chica interrumpiendola.
───El desayuno ya esta listo───Informó la sirvienta.───Y-y su padre me comentó que quiere hablar con usted hoy a la tarde───Comentó algo nerviosa.
───Sí...Puedes irte───Ordenó la ojiazul con seriedad sin restarle mucha importancia al tema, realmente no le importaba.
La mujer se despidió. Liriel al escuchar los pasos de la mujer alejarse del dormitorio, se levantó de mala gana, y fue directamente hacía su tocador.
Se sentó y observó a su peluche de conejo que se hallaba en el mueble por unos segundos. Con una sonrisa acarició su cabeza, recordado que fue el regaló que le dio su madre cuando nació.
Quitó su mirada del peluche, y comenzó a arreglar su alborotado cabello.
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