Capítulo 9

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Al fin, la semifinal. Lo sé, cinco meses para escribir la primera mitad del fanfic. Un mes para escribir el resto. Que puedo decir, inspiración y  tiempo están a mi favor esta vez. 

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Skye le dedicó una sonrisa débil a Marshall. Una vez sola, se acurrucó en su cama, intentando ahuyentar la inquietud que sentía. Poco a poco, el cansancio la venció y se sumió en un sueño intranquilo.

En su sueño, Skye se encontraba de nuevo en aquella fatídica misión. El laboratorio, el accidente, el químico... Todo volvía a ella con una claridad aterradora. Podía sentir el ardor en sus ojos, el pánico creciendo en su pecho. Y entonces, como en tantas otras pesadillas, se encontró frente a un espejo.

Sus ojos, normalmente cálidos y rosados, ahora brillaban con un rojo intenso y antinatural. Pero esta vez era diferente. El rojo parecía más vivo, más amenazante. Y de repente, sintió como si esos ojos tuvieran voluntad propia.

"No...", susurró Skye en su sueño, retrocediendo. "No otra vez..."

Pero los ojos rojos la seguían, reflejándose en cada superficie, persiguiéndola. Skye corría por pasillos interminables, pero no había escape. El rojo la alcanzaba, la envolvía, amenazaba con consumirla.

"¡NO!" gritó Skye, despertando de golpe.

Su grito resonó en la noche, alertando a Marshall, que dormía en la casita contigua. En segundos, el dálmata estaba a su lado.

"Skye, ¿qué pasa? ¿Estás bien?" preguntó Marshall, su voz llena de preocupación.

Skye temblaba, sus ojos abiertos de par en par, llenos de terror. "Los ojos... Marshall, los ojos rojos... No puedo escapar de ellos".

Marshall intentó abrazarla, pero Skye lo apartó bruscamente. Se levantó de la cama y corrió hacia el pequeño espejo de su casita. Al ver su reflejo, sus ojos seguían rojoa, sintió una mezcla de alivio y rabia.

"¡Los odio!" gritó, golpeando el espejo con su pata. "¡Malditos ojos! ¡Maldito accidente! ¡Maldito todo!"

Marshall, sorprendido por la intensidad de su reacción, intentó acercarse nuevamente. "Skye, cálmate. Todo está bien. Fue solo una pesadilla".

Pero Skye estaba fuera de sí. Semanas de miedo y frustración contenidos estallaban en ese momento. "¡No está bien, Marshall! ¡Nada está bien! Estoy harta de estas pesadillas, de sentir que en cualquier momento puedo perder el control. ¡Estoy harta de tener miedo de mí misma!"

"Skye, por favor", suplicó Marshall, "déjame ayudarte. Estamos juntos en esto, ¿recuerdas?"

Skye se giró hacia él, sus ojos ahora llenos de una mezcla de dolor y furia. "¿Juntos? ¿Cómo puedes entender lo que estoy pasando? Tú no tienes que vivir con este miedo constante. Tú no tienes que..."

Se detuvo, respirando pesadamente. Marshall dio un paso hacia ella, pero Skye retrocedió.

"Tal vez... tal vez esto fue un error", dijo Skye, su voz quebrada.

"¿Qué quieres decir?" preguntó Marshall, sintiendo un nudo en el estómago.

"Nosotros. Esto", Skye hizo un gesto entre ellos. "No puedo hacer esto, Marshall. No puedo arrastrarte a mi infierno personal. Y quizás... quizás no te amo como creía".

Las palabras golpearon a Marshall como un puñetazo. "Skye, no... no hablas en serio. Es solo el miedo hablando".

Pero Skye ya estaba en movimiento. Tomó su mochila y antes de que Marshall pudiera reaccionar, salió volando en la noche.

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