La cena había transcurrido en una calma tensa, como casi todas las noches desde hacía meses. Jungkook había preparado personalmente la comida, salmón al horno con hierbas, el favorito de Nabi y la había servido con esa sonrisa encantadora que aún lograba hacerla dudar de su propia cordura. Hablaron de cosas superficiales: el clima, un nuevo contrato en la empresa, el color de las cortinas que él insistía en cambiar. Pero debajo de cada palabra había un subtexto. Siempre lo había.
Cuando subieron a la habitación, Jungkook cerró la puerta con seguro, un gesto que ya se había vuelto rutina. Se desvistió sin prisa, dejando a la vista los tatuajes que cubrían su brazo y parte de su torso, y se metió en la cama primero, extendiendo los brazos hacia ella.
—Ven aquí —murmuró, con esa voz grave que no admitía negativas.
Nabi se dejó envolver. En cuanto su cuerpo tocó el colchón, el brazo de Jungkook rodeó su cintura como una cadena de acero envuelta en terciopelo. La atrajo contra su pecho, pegando su espalda completamente a él. Una de sus piernas se enredó entre las de ella. Su nariz se hundió en su cabello, inhalando profundamente.
—Duerme, mi amor —susurró contra su nuca—. No te muevas. Necesito sentirte toda la noche.
Nabi cerró los ojos, intentando relajarse en ese abrazo que era a la vez refugio y prisión. El calor de su cuerpo era reconfortante, su olor, mezcla de colonia cara y masculinidad la envolvía. Pero también le impedía respirar con libertad. Pasaron minutos, quizás horas, hasta que el sueño la venció.
La sed la despertó de golpe alrededor de las tres de la madrugada. Tenía la garganta seca y un leve dolor de cabeza. Intentó moverse con cuidado, milímetro a milímetro, conteniendo la respiración. Logró deslizar el brazo de Jungkook y salir de la cama sin despertarlo. Sus pies descalzos tocaron el suelo frío y bajó las escaleras en silencio, guiada solo por la luz de la luna que entraba por los ventanales.
En la cocina, abrió la nevera, tomó la jarra de agua filtrada y se sirvió un vaso. El primer sorbo fue puro alivio. Cerró los ojos, disfrutando de ese pequeño momento de soledad.
Entonces escuchó los pasos.
Firmes. Rápidos. Conocidos.
No se giró. Siguió bebiendo, aunque su pulso se aceleró.
—Nabi.
La voz de Jungkook sonó baja, pero cargada de algo afilado. Un segundo después, su mano grande se cerró alrededor de su brazo y la giró con firmeza, aunque sin llegar a lastimarla. Sus ojos, aún adormilados pero brillantes de inquietud y enojo, la escudriñaron de arriba abajo como si esperara encontrar alguna herida o alguna señal de traición.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí abajo a estas horas? —preguntó, apretando ligeramente los dedos en su brazo—. Me desperté y no estabas. La cama estaba fría.
—Tenía sed, Jungkook —respondió ella con voz calmada, intentando no sonar desafiante—. Solo bajé por agua. No quise despertarte.
Él le quitó el vaso de la mano y lo dejó sobre la encimera con un golpe seco. Luego, sin decir nada más, la tomó de la cintura con ambas manos y la atrajo contra su cuerpo desnudo, salvo por los bóxers. Su piel ardía.
—No vuelvas a hacer eso —ordenó en un susurro ronco, casi desesperado—. Nunca. ¿Entiendes? Me asustaste. Pensé… pensé que te habías ido.
—¿Ido? ¿A las tres de la mañana? —Nabi no pudo evitar que el tono incrédulo escapara.
Jungkook hundió el rostro en su cuello, respirando agitado. Sus manos bajaron hasta sus caderas, apretando posesivamente, clavando los dedos en la carne suave.
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𝗖𝗢𝗡𝗧𝗥𝗢𝗟 | 𝗝𝗝𝗞 ²¹ ✓
Fanfiction"Jungkook solo quiere mantener a Nabi bajo su control" 💌 Grafico realizado por: lilvenhex 🫶
