TRES

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El escritorio de caoba todavía conservaba el calor de sus cuerpos. Jungkook tenía a Nabi sentada sobre él, con las piernas rodeándole la cintura y las manos perdidas en su cabello mientras la besaba con esa hambre que parecía nunca saciarse. Sus labios bajaban por su cuello, mordiendo suavemente justo donde sabía que la volvía loca. Ella jadeaba, aferrada a sus hombros, sintiendo cómo el mundo se reducía a él: su olor, su fuerza, su posesión absoluta.

—Eres tan jodidamente adictiva —gruñó Jungkook contra su piel, apretando sus caderas para pegarla más a él—. Podría follarte aquí mismo y no me importaría que toda la empresa lo supiera.

Nabi soltó una risa entrecortada, mitad excitada, mitad nerviosa.

—Jungkook… compórtate.

Pero él no quería comportarse. Sus dedos ya subían por el interior de su muslo cuando el teléfono sobre el escritorio vibró con insistencia. Jungkook lo miró de reojo y gruñó, ignorándolo por completo. Siguió besándola, más profundo, más demandante.

El teléfono volvió a sonar.

Esta vez Nabi colocó una mano en su pecho y lo apartó suavemente.

—Contesta. Podría ser importante.

Jungkook soltó un gruñido bajo, casi animal, y contestó sin soltarla, manteniéndola prisionera entre sus brazos.

—¿Qué? —espetó.

Al otro lado se escuchó la voz clara y elegante de su madre. Nabi pudo oírla perfectamente.

—Jungkook, hijo. Tu padre y yo queremos invitarlos a almorzar hoy en la residencia. Hace mucho que no vemos a Nabi. Jieun también está aquí con unos amigos. Será algo informal, junto a la piscina.

Jungkook tensó la mandíbula. Nabi vio cómo sus ojos se oscurecieron.

—Mamá… hoy estamos ocupados.

—Jeon Jungkook —lo reprendió su madre con ese tono que ni siquiera él se atrevía a desafiar del todo—. No acepto un no. Los esperamos a la una y media. No lleguen tarde.

Y colgó.

Jungkook dejó caer el teléfono sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria y apoyó la frente contra la de Nabi, respirando agitado.

—No quiero compartirte —confesó en voz baja, casi infantil—. Ni con mi familia. Ni con nadie.

—Son solo unas horas —susurró ella, acariciando su nuca—. Además, extraño a tu mamá.

Él suspiró derrotado, pero no antes de robarle otro beso largo y posesivo.

—Está bien. Pero te quedas cerca de mí todo el tiempo.

Horas más tarde, el lujoso auto negro cruzaba las rejas de la enorme residencia Jeon. La mansión se alzaba imponente, rodeada de jardines perfectamente cuidados y una piscina que parecía sacada de una revista.

En cuanto bajaron, Jieun, la hermana menor de Jungkook, de diecinueve años, vibrante y sonriente corrió hacia ellos.

—¡Nabi! ¡Dios mío, estás preciosa! —exclamó, abrazándola con cariño genuino—. Esa falda te queda increíble. Ven, estamos en la piscina. Mis amigos de la universidad están aquí. ¡Únete! Hace un calor horrible.

Nabi miró a Jungkook de reojo, buscando permiso. Él apretó la mandíbula, pero terminó asintiendo con rigidez.

—Ve. Pero cualquier cosa… me llamas. Estoy a una llamada de distancia.

Jieun tomó a Nabi del brazo y la arrastró hacia el interior de la casa entre risas.

—Mi hermano es tan intenso contigo… es lindo y aterrador al mismo tiempo.

𝗖𝗢𝗡𝗧𝗥𝗢𝗟 | 𝗝𝗝𝗞 ²¹ ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora