(38) Hospital

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    Cuando Itachi amenazó a la primera mujer, en la recepción, lo hizo de manera sutil. Se aseguró de que su voz fuese baja y que su pequeña navaja no rozara la piel de la indefensa joven. No podría tener más de treinta años. Si las cosas iban bien, la gente de alrededor pensaría que simplemente era un novio atrevido.

    Estaba acostumbrado a ver miradas aterrorizadas en sus víctimas. Ya no le sorprendía la fragilidad del psique humano, la facilidad con la que las personas accedían a darle lo que pedía cuando ponía sus vidas en riesgo.

    Podía sentir la mirada de Kisame sobre él, desde la otra punta del pasillo. Probablemente ansioso por ir a lo suyo, cuando Itachi consiguiese lo que quería.

    Sintió los anteojos que usaba resbalar sobre su nariz, una incomodidad a la que aún no terminaba de acostumbrarse.

    — Llama a la doctora Senju y dile que tiene un paciente que urge de atención médica, ahora.—le susurró al oído.

    Se aseguró de poner énfasis en la última palabra, presionando la navaja sobre su cuello, sólo lo suficiente para puntuar la seriedad de sus palabras.

    La mujer murmuró un "sí" entre su respiración agitada, entendiendo que Itachi pretendía que nadie notara lo que estaba sucediendo. Su mano voló temblorosa al teléfono a su lado, y marcó el número de la renombrada doctora, tratando de calmar sus nervios, aunque Itachi ya había vuelto a esconder la navaja.

    Había lágrimas brotando en sus ojos, pero la mujer hizo lo posible para no dejarlas caer.

    Itachi sintió una punzada en el estómago, recordando por un segundo la mirada de su pequeño e indefenso hermanito menor. Sus balbuceos cuando vio los cuerpo fríos e inertes de mamá y papá en suelo, rodeados de un gran charco de su propia sangre.

    Y luego, más recientemente, la mirada de un Sasuke de quince años notándolo, desde la plataforma opuesta de la estación del metro. Aquel milisegundo en que su mirada quebró en una de temor indescriptible, y empujara a otro chico para meterse en el tren que acababa de llegar.

    Ya lo había superado, hace años. Una vez que aprendió a vivir con el dolor, ninguna otra muerte pudo causarle el mismo disturbio mental. Quizás finalmente podría sentir que esa misma cara lo repudiara mientras su cuerpo perdía el calor en algún callejón vacío y solitario.

    Se preguntó si Sasuke era más de terminar una vida de manera rápida y calculada, o si preferiría infligir dolor hasta el último segundo de una tortura larga y agonizante.

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    Itachi nunca usaba su nombre real en público. No sólo porque era un criminal reconocido entre los círculos de las autoridades legales, sino porque ya no era una identidad a la que podía aferrarse sin sentir un profundo dolor, aunque ahora ya sólo era como el entumecimiento de una herida que nunca sanó bien. Al oír su apellido oía la voz de su madre llamándolo a cenar, o de su padre disciplinándolo, porque sabía que Itachi era inteligente y que podía llegar a ser un gran hombre. Oía a Sasuke gritar de alegría porque su hermano mayor por fin podría jugar con él.

    Poca gente lo llamaba por su nombre estos días. Y había suficiente distancia entre él y esas personas para que no se sintiera nostálgico.

    La doctora Senju Tsunade no era una de esas personas, obviamente. Itachi sólo había empezado a verla unos años atrás, y luego tuvo que cambiar de médico por la ubicación de su jefe. La facilidad de falsificar un historial médico, certificado de nacimiento, entre otros, lo ayudaba a mantener su anonimato.

Bottom - SasuNaruSasu [EN HIATUS]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora