-Es indiferente, tiene unos hermosos ojos, ¿haz visto lo impecable que se viste?, usa mucho el color verde pero si uso el negro combinaríamos más.
-creo que te odia-señalo su prima.
-Eso es lo de menos-hizo un ademán con la mano-no es un problema.
...
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Rhaenyra nunca había sentido tanto calor en su vida, o al menos eso le parecía mientras estaba parada en el muelle de Driftmark, con el sol quemándole la nuca y su camiseta blanca pegándosele al cuerpo como si quisiera asfixiarla. Frente a ella, el velero de los Velaryon se balanceaba en el agua, y Laenor, con esa paciencia que solo un primo podía tener, intentaba explicarle cómo manejar el timón sin que pareciera que estaba hablando con una niña de cinco años.
A su lado, Laena no ayudaba mucho, porque cada vez que Rhaenyra hacía algo mal, soltaba una risita que resonaba por todo el muelle.
—No, Rhae, no jales la cuerda como si estuvieras peleando con Daemon por la última pizza —dijo Laena, quitándole la cuerda de las manos con un movimiento tan elegante que parecía sacado de una película— ¿Segura que quieres impresionar a Alicent con esto? Porque ahora mismo pareces una turista que se perdió en un crucero—Rhaenyra le lanzó una mirada fulminante, pero no pudo evitar sonreír. Laena, con sus trenzas perfectamente hechas y esa vibra de "yo controlo todo", siempre sabía cómo sacarle una risa, incluso cuando estaba a punto de hacer el ridículo frente a toda la familia Velaryon
—Primero, no estoy intentando impresionar a nadie —mintió Rhaenyra, ajustándose las gafas de sol con un aire de falsa confianza—Y segundo, soy una Targaryen. Los barcos, los dragones, las pelirrojas... todo eso está en mi sangre—Laenor, que estaba revisando las velas, soltó un bufido tan fuerte que casi se cae al agua.
—Tu sangre está más llena de memes de TikTok que de dragones. Si vas a recoger a Alicent en Desembarco del Rey, más te vale no hundir el velero de mamá—Desde la cubierta, Rhaenys Velaryon, la prima mayor de Aenys, Viserys y Daemon, observaba la escena con una mezcla de diversión y exasperación. Con un vaso de limonada en la mano, se apoyó en la barandilla.
—Rhaenyra, si estrellas mi velero, te juro por los Siete que te hago limpiar los establos de RocaDragón. Y no me mires así, que tu padre no va a salvarte esta vez—Rhaenyra puso los ojos en blanco, pero sintió un nudo en el estómago. No era solo el miedo a hacer el ridículo con el velero lo que la ponía nerviosa. Era la idea de recoger a Alicent después de su visita a Old Town, de verla con esos rizos rojizos y esa mirada que podía ser fría como el hielo o cálida como una fogata, dependiendo del día. Rhaenyra quería que este paseo en velero fuera perfecto, un momento que le mostrara a Alicent que no era solo una Targaryen presumida con un Mustang amarillo. Quería que viera... algo más.
—Tranquilos, lo tengo todo bajo control —dijo, aunque su voz tembló un poco cuando intentó ajustar el timón y el velero dio un bandazo. Laena soltó una carcajada, y Laenor tuvo que correr a corregir el rumbo antes de que chocaran con el muelle.
El viaje a RocaDragón fue un caos controlado, o al menos eso es lo que Rhaenyra se repetía mientras intentaba no marearse con el movimiento del velero. Laenor finalmente le había cedido el timón, no sin antes darle un sermón de diez minutos sobre vientos y corrientes, y Laena se había quedado a su lado, contándole historias sobre cómo había ganado una carrera de veleros el verano pasado contra unos ricachones de Lannisport.