Era medio día, aún así en el palacio del reino principal de Aralen se encontraba azotado por una incontrolable tormenta, parecía plena noche, las nubes cubrían el cielo al completo impidiendo que un solo rayo del sol logrará iluminar el sitio.
En la sala principal del palacio varios representantes de distintos reinos se encontraban soportando el ruido de la fuerte lluvia y truenos que algunas ceces iluminaban todo el lugar. Una señal de muerte para muchos al verse encerrados más tiempo del deseado con personas y seres desagradables entre ellos. Pronto terminarían todo el asunto de la reunión pero faltaba alguien, un reino aún no se presentaba. En una mesa vacía se mostraba una hoja al lado de lamismaescrito se lograba leer "Imperio sin nombre".
Varios nobles arrogantes y un par de mensajeros los insultaban al creer que tenían miedo. Entonces se abrió la puesta de la sala principal mostrando de primera mano a los guardias de un nuevo grupo. Era imposible confundirlos llegó el Imperio sin nombre, sus soldados cada uno media dos metros y portaban una sola espada. Seguramente paladines por el blanco de sus armaduras.
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Pero no fue lo más resaltante, lo que cautivo a todo hombre en la reunión y alertó al resto de embajadas con representantes femenina fue la enviada principal
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Morgan La Fera, décimo octava consejera de la emperatriz. Era bien conocido que lo mejor para estos asuntos era siempre llevar a una hermosa mujer aún si era casada, siempre abría posibilidades que solo hombres jamás lograrían pero ahí estaba ella. Hermosa y seductora, aún así nadie se levantó no solo por los guardias que dejaron lentamente la sala una vez que ella llegó a la mesa asignada a su imperio. Si no por miedo, La Fera es la mejor en arruinar la mente de sus objetivos.
Pocos saben que el Imperio sin nombre opera con dos cabezas, bajo el emperador el ejército era invencible y nada pasaria sus defensas. Hombres poderosos, héroes de leyenda o villanos terribles nacen de esa ciudad acorazada pero todo radica en la emperatriz. Tal vez sea ofensivo pero el emperador no era el mejor en asuntos diplomáticos y económicos, tal vez sea respetado pero incluso su nación se avergüenza del poco tacto que tiene en asuntos delicados como juicios siempre siendo impulsivo y algo emocional. En cambio la emperatriz formo a sus veinte consejos, mientras mayor el número se sabe que son mejores en conocimiento y peores como enemigos.