🎶 A&W - Lana Del ReyLa noche se había vuelto un ciclo interminable; Ashley vagaba por las calles de la ciudad, envuelta en el humo de su propio desespero. Prostituta, drogadicta, y siempre al borde de la locura—[una mariposa en un mundo de depredadores]. Los neones titilaban a su alrededor, reflejando un aura de decadencia que parecía abrazarla, un manto que la protegía de la realidad.
—Es solo un trabajo—se repetía, mientras las sombras la observaban desde cada esquina, sus ojos brillando con un deseo primitivo. Cada encuentro era un juego, un intercambio. Pero había algo más; algo que nunca podría confesar.
El dinero la mantenía viva, pero la necesidad de sentirlo todo, de experimentar el placer y el dolor, la impulsaba más allá de los límites. La droga, ese polvo blanco, era su compañera constante; la metía en su cuerpo como quien inhala el aire, una caricia en sus venas, un abrazo tibio. [Y luego, la carne.]
Aquella noche, el ambiente era más denso, casi eléctrico. Un hombre se acercó; sus ojos, perdidos en la oscuridad, brillaban con un hambre que conocía bien.
—¿Qué necesitas? —preguntó Ashley, su voz suave, casi un susurro; una melodía que prometía más de lo que el mundo podía ofrecer.
Él sonrió, y en su mirada había algo oscuro. La atracción era mutua—[una chispa en la penumbra]—y en ese instante, Ashley sintió el tirón familiar de la locura. La promesa de otro encuentro, de otro sabor. Sin embargo, el deseo por la carne, la necesidad de devorar, siempre estaba ahí, esperando como un lobo al acecho.
—Quiero sentir—dijo el hombre, y ella se acercó, casi temblando de anticipación.
—¿Tú también? —murmuró, dejando que la emoción la consumiera. Pero antes de que pudiera llevarlo a su mundo, escuchó el sonido familiar de sirenas.
El eco de la policía resonaba en la distancia, cortando la atmósfera tensa; una advertencia inminente.
—¡Rápido! —exclamó, su corazón acelerándose, el miedo anidando en su pecho. Sus pensamientos se agolpaban, pero había algo más en juego. La adrenalina le recordaba que estaba viva.
El hombre la miró, su expresión cambiando de deseo a pánico. Ashley sintió que el momento se desvanecía, como un sueño al despertar. Pero antes de que pudiera huir, un retazo de su mente se detuvo en una idea peligrosa—¿podría ser él? ¿Podría convertirse en parte de su hambre?
—¿Tú... eres el indicado? —preguntó, casi en un susurro, mientras la policía se acercaba, el sonido de sus pasos resonando con fuerza.
No había respuesta. Solo el miedo en sus ojos. Ella lo sabía; el riesgo era una parte inevitable de su vida. [Pero la necesidad de sentir, de comer, de vivir era más fuerte que cualquier advertencia.]
Los coches de policía iluminaban la escena; luces azules y rojas parpadeaban, brillando como estrellas muertas en la noche. Ashley miró al hombre y, en un instante fugaz, decidió.
—¿Vamos a hacerlo? —le dijo, sin dejar de sonreír, mientras el caos se acercaba. Era su última oportunidad.
Pero el hombre retrocedió, y en ese segundo, comprendió que su viaje había llegado a su fin. [Las luces se acercaban; el juego había terminado.] La mariposa había sido atrapada en la telaraña de su propia vida, y mientras el ruido crecía, Ashley supo que esta vez no había salida.
—¡No! —gritó, pero el eco de las sirenas la ahogaba.
Así, atrapada entre el deseo y la fatalidad, la noche se cerró sobre ella. Las sombras, finalmente, la reclamaron.
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La mariposa insaciable
HorrorCodicia, adicciones, canibalismo; todo en una persona: Ashley. Conozcámosla brevemente. La sensación que quiero transmitir en esta pequeña obra es la constante pregunta de: ¿qué cojones estoy leyendo?