Capítulo 17

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Salvatore Bianchi.

Me quejo cuando soy estrujado entre los brazos de mi madre.

-Al fin llegas, te tardaste tanto en venir. Te extrañé tanto.

-Te recuerdo que fue tu idea mandarme lejos por 2 meses.

Me da un golpe atrás de la cabeza.

-Se responde "yo también te extrañe, mamá"

Le sonrío divertido a mi progenitora.

-Lo que tú digas Ámbar.

Sus ojos café me ven con molestia. Mi padre le aprieta el hombro con una sonrisa divertida y luego me abraza.

-Te veo bien, tore. Veo que esas vacaciones te ayudaron a relajarte.

-No tienes idea, papá. ¿Y dónde están mis ratoncitos?

Veo hacia todos lados por la sala, esperando que salgan por ahí.

-Andan comprando dulces con Calisa, teníamos una discusión con Andreana y no quería que los niños escucharan.

-¿Mi hermana dio problemas otra vez?

-No solo eso, al parecer anda metida con algún tipo que la hace faltar a la universidad, ¿sabes lo que descubrimos? Que si mucho va solo una vez a la semana a la universidad, los demás días ni se aparece, no ha pasado del tercer año, según yo este año terminaba, y los días que llega no da tareas ni trabajos. No sé qué más hacer con ella, no sé en qué momento mi hija se salió del buen camino.

Mi madre se masaje la cabeza, cerrando los ojos con fuerza mientras camina de un lado a otro.

-Aceptamos que trabajará dos años antes de ingresar a la universidad, luego pidió un año más. Ya está por cumplir 28 años y ella piensa que la universidad no le va servir solo porque ya tiene una empresa para dirigir, pero si sigue así, ella no se hará cargo de la empresa familiar.

-Lo siento por decir esto, mamá. Pero te dije que desde antes que entrara a la universidad ella había cambiado, tanto su actitud y forma de ser. Desde que empezó a hablarles mal a ustedes supe que ya no iba nada bien con ella.

-Lo sé, lo sé, pero es mi hija, no...simplemente no podía aceptar que ella había dejado de ser esa niña linda y adorable, y convertirse en...en...

-¿En qué, madre? Vamos, termina la frase.

Mi hermana mayor hace acto de presencia, me mira con molestia y luego me ignora para ver a nuestros padres.

Andreana cruzó los brazos y nos miró a todos con ese aire de superioridad que solía usar cada vez que la confrontaban. Mi madre la miró con preocupación, mientras que mi padre apretó la mandíbula, claramente conteniéndose de decir algo que complicara más la situación.

-En alguien que ya no quiere ser parte de esta familia, Andreana —dije, sin poder contenerme.

Ella soltó una risa sarcástica y negó con la cabeza, como si lo que acabara de decir no tuviera ningún valor.

-¿De verdad, Salvatore? ¿Ahora eres el portavoz de la moral en esta casa? No te hagas el perfecto, porque también te alejaste de la familia por dos meses para ir a... —hizo un gesto despectivo con la mano—, a perder el tiempo por ahí.

Entre el Cielo y el Mar Donde viven las historias. Descúbrelo ahora