Jennie sostenía el teléfono entre las manos como si quemara. Había pasado varios minutos desde que envió el mensaje, y su mente no dejaba de repetir que debía borrar la conversación. ¿Y si Lisa lo veía? ¿Qué estaba haciendo? Esto no era ella...
Un zumbido cortó sus pensamientos. Un nuevo mensaje apareció en la pantalla.
"Siempre estoy despierta para ti. ¿Quieres venir a mi apartamento?"
El corazón de Jennie latió rápido. Sabía que debía ignorarlo. Sabía que la única persona a la que quería realmente era Lisa. Pero esa persona estaba detrás de una puerta cerrada, ocupada con su mundo, mientras Jennie seguía ahí, en el suyo, más sola que nunca.
Se levantó del sofá y caminó de un lado a otro del apartamento. ¿Debía ir? No era la primera vez que su amiga coqueteaba con ella, y Jennie siempre lo había dejado claro: tenía una relación. Sin embargo, esta vez algo era diferente. Había un vacío creciendo dentro de ella, uno que no podía llenar sola.
El sonido de la ducha aún se escuchaba en la habitación. Lisa no saldría en al menos veinte minutos más. Podría ir, desahogarse, hablar un rato, y luego volver antes de que Lisa lo notara. Esa fue la mentira que su mente le contó para justificar lo que estaba a punto de hacer.
Jennie tomó su chaqueta del perchero.
-Solo una charla -susurró para sí misma, intentando convencerse, aunque en el fondo sabía que estaba jugando con fuego.
Una hora después...
La ciudad era fría esa noche, con pocas luces iluminando las calles. Jennie caminaba rápido, sintiendo que con cada paso estaba cruzando una línea invisible. Cuando llegó al apartamento de su amiga, se detuvo frente a la puerta, con el corazón en un puño. Todavía podía dar la vuelta. Aún podía regresar a casa.
Pero la puerta se abrió antes de que pudiera decidirlo.
-Me alegra que vinieras. -La voz suave de su amiga, casi un susurro, fue como una invitación peligrosa.
Jennie sonrió, pero era una sonrisa nerviosa, insegura. "Esto está mal." La frase resonaba en su cabeza como una advertencia, pero sus pies no retrocedieron.
Entró.
Horas más tarde...
Jennie volvió al apartamento en completo silencio. Se quitó la chaqueta y se quedó inmóvil en la entrada, sintiendo cómo el peso de la culpa caía sobre ella como una tormenta. Había cometido el peor error de su vida.
La luz tenue del dormitorio aún estaba encendida. Jennie avanzó con cuidado, esperando que Lisa ya estuviera dormida. Pero al abrir la puerta, se encontró con ella despierta, sentada en la cama, revisando correos desde su laptop. Lisa alzó la mirada brevemente.
-¿Dónde estabas? -preguntó, sin sonar acusatoria, solo cansada.
Jennie sintió cómo el nudo en su garganta crecía. Quería gritar la verdad, pedir perdón en ese instante, pero no pudo.
-Fui a dar un paseo. No podía dormir.
Lisa asintió, sin sospechar nada, y volvió a concentrarse en la pantalla. Eso dolió más que cualquier reproche. Lisa ni siquiera la notaba lo suficiente para cuestionarla.
Jennie se deslizó bajo las sábanas, sintiendo que la distancia entre ellas nunca había sido tan grande como esa noche. Estaba tan cerca de la persona que más amaba en el mundo, pero su error ya la había alejado kilómetros.
Y ahora, solo quedaba esperar el momento inevitable en el que Lisa lo descubriría todo.
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Un error, dos corazones
RomanceJennie y Lisa alguna vez tuvieron una relación perfecta, pero el trabajo absorbente de Lisa ha creado una distancia entre ellas que parece imposible de salvar. Jennie, cansada de esperar y atrapada en la soledad, comete un error del que se arrepient...
