xx. give me everything

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13 de junio, 2007
Cueva de Polifemo, Mar de los Monstruos


Cuando por fin se descolgó de la maldita oveja Percy le ofreció una mano para ayudarla, quien la tomó inmediatamente. Una vez de pie escupió al suelo.

—Tengo lana en la puta boca —Percy negó con una sonrisa, mientras ella se intentaba librar de los pelos de su lengua.

Una vez satisfecha ambos empezaron a moverse entre el rebaño de cabras y ovejas, con las manos entrelazadas. Menos mal que estas eran las que no eran carnívoras, porque había pisado unas cuantas.

Percy guiaba el camino, supuso que porque había estado ya allí en sueños, así que se dejó llevar. Cruzaron corredores sembrados de huesos, estancias llenas de alfombras de lana y ovejas de cemento tamaño natural, que reconocieron como obras de la Medusa. Había también colecciones de camisetas con ovejas estampadas; barreños de aceite de lanolina; chaquetas y calcetines de lana y sombreros adornados con cuernos de carnero. Hasta que llegaron a una habitación con un telar.

Iba a pillarle trauma a los telares con estas misiones suicidas. Primero Circe, ahora Polifemo. ¿Qué era lo próximo?

Allí estaba Grover, acurrucado en un rincón, intentando cortar con unas tijeras romas los nudos que aún mantenían atada a Clarisse. 

—Es inútil —decía ella—. ¡Estas cuerdas parecen de hierro! 

—¡Sólo unos minutos más! 

—¡Maldición, Grover! —gritó exasperada—. ¡Llevas horas intentándolo!

Entonces les vieron, sorpresa plagando sus rostros.

—¿Percy? ¿Lara? —dijo Clarisse—. ¡Se suponía que habíais saltado por los aires! 

—Yo también me alegro de verte. Ahora no te muevas mientras... 

—¡Perrrrrcy! ¡Larrrrrra! —Grover se puso a balar y le dio un abrazo cabruno al chico a su lado—. ¡Oíste mis mensajes! ¡Has venido! 

—Sí, amigo. Claro que he venido. 

Luego le dio un abrazo a Lara, evitando el placaje ante la mirada que le dio la chica. La castaña se lo devolvió.

—¿Dónde está Annabeth? 

—Fuera. Pero no hay tiempo para hablar. Clarisse, estate quieta.

—Gracias. 

—De nada. ¿Había alguien más en tu barco? 

—No, sólo yo. El resto de la tripulación del Birmingham... Bueno, ni siquiera sabía que vosotros os habíais librado.

—Está bien. Vamos. Tenemos que ayudar...

Cuando Lara escuchó los gritos de Annabeth de pánico se le puso la piel de gallina. 

—¡He atrapado a Nadie! —decía Polifemo, regodeándose

Dark horse, pjo¹Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora