Are you ready for, ready for
A perfect storm, perfect storm?
'Cause once you're mine, once you're mine
There's no going back
started: 31/12/2023
finished: ???
pjo fanfiction
libro uno de la saga we hug now
ladrón del rayo - el último héroe del olimp...
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✩
14 de diciembre, 2007 Westover Hall, Maine
Había sido claramente una mala idea darle su primer beso a ese desconocido, pero, en su defensa, no sabía que más hacer. Por lo que después de ese comentario había desaparecido entre la multitud y salido por la puerta. La gorra de Bianca estaba en el suelo y las cartas que había tenido el pequeño antes también.
De pronto Percy llegó a su lado, sacando a contracorriente del bolsillo, mientras ambos corrían por el oscuro pasillo donde se escuchaban forcejeos. El chico destapó el boli mientras ella abría la tobillera, una espada y un tridente aparecieron en las manos de ambos.
Cruzaron a toda prisa el pasillo, pero en el otro extremo no había nadie. Tras abrir una puerta y encontrarse de nuevo en el vestíbulo principal se quedaron pasmados. Espino no estaba por ninguna parte, pero sí los hermanos Di Angelo, que permanecían al fondo paralizados de terror.
—Tranquilos. No vamos a haceros daño. Me llamo Percy, ella es Lara —dijo señalándola con la mano—. Os sacaremos de aquí y os llevaremos a un lugar seguro.
Ambos giraron en redondo y en ese mismo instante se oyó un silbido y una mano gigantesca impulsó a Percy hacia atrás hasta estrellarse contra la pared. Lara quería atacar, pero no estaba segura de donde estaba el monstruo, por lo que se mantuvo en posición de ataque para proteger a los hermanos.
—Sí, Perseus Giiiackson. Sé muy bien quién eres.
A ella no la mandó una segunda mirada, lo cual era muy bueno, no tendría que preocuparse de que él la atacase, pero ella sí que podría atacarle a él. Una silueta oscura apareció de entre las sombras, parecía el Dr Espino, pero más macabro.
—Gracias por salir del gimnasio —dijo—. Me horrorizan esos bailes de colegio.
—¿Y a quien no?
Entonces atacó, consiguiendo clavarle el tridente en uno de sus costados antes de ser lanzada hacia atrás por una espina clavada en su muslo derecho. Iba a acabar fina de cicatrices, la del costado del verano, la del muslo ese momento, esperaba no agregar más, pero estaba segura de que no sería así.
—Los cuatro vendréis conmigo —dijo Espino—. Obedientes y en silencio. Si hacéis un solo ruido, si gritáis pidiendo socorro o intentáis resistiros, os demostraré mi puntería.
Se empezaron a mover de a poco. Percy cerró los ojos durante un segundo, dejando de andar.
—¿Qué haces, Jackson? —silbó el doctor—. ¡Muévete!