CAP 19

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Pov Externo

El tiempo parecía haberse detenido dentro de esa habitación de hospital donde estaban Ruggero y Michelle, inmersos en un ambiente familiar que ninguno había tenido desde el día del secuestro de la niña hace 9 años, se podía sentir las fuertes emociones que ambos estaban experimentando en ese emotivo momento, padre e hija estaban juntos después de tantos años, después de tanto sufrimiento, pero al final habían logrado reunirse de nuevo para poder ser la familia que jamás debieron dejar de ser 

Ambos se aferraban el uno al otro mientras las lágrimas brotaban a montones de los ojos de ambos, entre sus brazos, liberaban años de emociones contenidas. Ruggero sintió una gran dicha indescriptible al tener, por fin, a su pequeña entre sus brazos; su corazón latía con la fuerza de un anhelo satisfecho. Mich, por su lado, entre sollozos, se sintió enormemente bendecida, como si el destino le hubiera hecho el mayor de los regalos al poner en su camino, sin buscarlo, a su verdadero padre. En ese abrazo compartían una conexión tan profunda y cálida que, por primera vez en mucho tiempo, ambos se demostraron

Después de lo que parecieron horas, ambos se separaron, aun con lagrimas que seguían saliendo de sus ojos, y sin soltar las manos, tanto padre como hija se miraron, como si temieran que al alejarse, la conexión que tenían se desvaneciera. Ruggero contempló el rostro de Mich, repasando cada detalle, intentando memorizarlos todos, observó esos ojos color miel que Mich tenía, de repente, los veía como un reflejo de los suyos. No podía evitar pensar en todas las veces que había soñado con este momento, en todo el tiempo que pasó despierto durante la noche imaginando el día en que volvería a verla. Su voz aún temblaba cuando finalmente rompió el silencio

Rugge: Perdóname... por no haber estado a tu lado todo este tiempo. Nunca dejé de buscarte, nunca dejé de pensar en ti ni por un solo día.

Los murmullos que soltó con su voz entrecortada demostraban su alegría y su felicidad de volver a ver a su querida hija, Mich lo miró, aún con sus ojos empañados, intentando asimilar la enorme ola de emociones que la inundaba. Había pasado toda su vida con una familia que había dejado de amarla hace mucho tiempo, que solo la trataban con desprecio, como si fuera más un estorbo que una hija, todo ese tiempo sin saber sus raíces, sin recordar lo que era el calor de un hogar, y ahora, frente a ella, estaba el hombre que la había amado con todo de si mismo aún sin siquiera conocerla. Las palabras que Ruggero le estaba diciendo resonaban en lo más profundo de su ser, llenando vacíos de su corazón que ella ni siquiera sabía que tenía

Mich: Papá...

La voz de la niña salió apenas como en un susurro, llena de asombro, pero de dolor al mismo tiempo

Mich: No tienes nada de que disculparte, nada de lo que paso fue tu culpa... Todo este tiempo creí que no tenía a nadie, después de lo que paso con mis padres pensé que estaba sola, que nadie me estaba buscando y que nadie me quería de verdad. Pero... tú estabas ahí... estuviste ahí todo este tiempo

Rugge tomó las manos de Mich con fuerza, sus ojos buscaban los de ella como si quisieran decirle todo lo que las palabras eran incapaces de decir. La voz se le quebraba con cada palabra que decía 

Rugge: Habría cruzado cualquier frontera, desafiado cualquier obstáculo Mich, si hubiera tenido que recorrer el mundo entero para encontrarte, lo habría hecho para encontrarte, mi niña... mi pequeña... mi hija...

Un escalofrios atravesó a Michelle cuando escucho a Rugge decir esas palabras, había pasado mucho tiempo sin que alguien la llamarla así, "mi hija", sus padres solían llamarle escuincla, chamaca, estorbo, tonta, en fin, de muchas formas pero nunca con cariño, el escuchar el como le hablaba Rugge sintió una calidez inusual inundar su pecho, y al mismo tiempo, sentía el peso de esa vida que no pasaron juntos, los abrazos perdidos, los cumpleaños y los momentos de felicidad que no compartieron debido a los acontecimientos.

Mi hija perdidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora