El aire en el laboratorio era denso, pesado, como si cada respiración fuera un recordatorio de la falta de libertad. No había día en que los gritos no resonaran por los oscuros pasillos, ecos lejanos que se mezclaban con el murmullo de las máquinas y el sonido metálico de las puertas cerrándose. Era un infierno, y los jóvenes prisioneros sabían que todos estaban destinados a sufrir, solo que no sabían cuándo les tocaría a ellos.
Ese día, los Fatui entraron en el área de las celdas con su acostumbrada frialdad. Algunos llevaban cuadernos en la mano, haciendo anotaciones sin siquiera mirar a los jóvenes que yacían en el suelo. Otros discutían en voz baja, con tonos distantes, como si estuvieran eligiendo qué sabor de dulce probar, y no qué niño sufriría bajo sus experimentos.
T/N y Collei se sentaron en la esquina de siempre, tan cerca como podían sin llamar la atención. Sus ojos se encontraron por un momento, ambos reflejando la misma mezcla de temor y desesperación. Sabían lo que iba a pasar; ya habían visto esta escena antes. Los investigadores siempre entraban, observaban, discutían, y al final, alguien era arrastrado fuera, gritando y suplicando.
Uno de los investigadores, con una voz ronca y llena de desprecio, empezó a hablar.
—Bueno, ¿a quién tenemos hoy? —dijo, hojeando sus notas como si estuviera leyendo una lista de nombres sin importancia. Sus compañeros soltaron pequeñas risas, como si todo aquello fuera un juego cruel.
T/N sintió que sus manos temblaban, y sin siquiera pensarlo, cerró los ojos y empezó a murmurar una oración en silencio. No era religioso, ni había creído demasiado en los Arcontes, pero en ese lugar, rezar se había convertido en una forma de consuelo, una manera de creer que tal vez, solo tal vez, alguien los escucharía.
Collei lo vio cerrar los ojos, y aunque al principio pareció sorprendida, pronto hizo lo mismo. Unió sus manos, apretándolas con fuerza, como si eso pudiera hacer que los Arcontes la escucharan mejor.
“Por favor... por favor, que no nos elijan. Que no elijan a T/N. Que ninguno de los dos tenga que pasar por eso hoy.”
Los minutos parecieron eternos. El sonido de pasos se acercaba y se alejaba, y cada vez que se detenían, el corazón de T/N se detenía con ellos. Pero entonces, los pasos continuaban, avanzaban hacia otro lado. Un frío sudor recorrió su espalda cuando oyó a uno de los Fatui murmurar algo y luego señalar con la cabeza hacia otro niño, uno de los más pequeños. No dijeron su nombre, simplemente lo agarraron del brazo y lo arrastraron fuera de la celda.
El niño gritó, pataleando, suplicando. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, pero los Fatui no mostraban ni una pizca de compasión. Lo arrastraron por el pasillo, ignorando sus sollozos, y pronto, los gritos se desvanecieron en la distancia.
T/N y Collei mantuvieron los ojos cerrados por un momento más, asegurándose de que ya no estaban bajo la mirada de los investigadores. Solo cuando el silencio regresó, ambos se atrevieron a soltar el aire que habían estado conteniendo. La tensión que los mantenía rígidos se deshizo, pero la angustia seguía presente en sus miradas.
Collei rompió el silencio, su voz apenas un susurro:
—¿Crees que alguien allá afuera... nos esté escuchando? Los Arcontes... ¿crees que les importamos?
T/N miró hacia abajo, sin saber qué responder. Habían rezado, habían suplicado, y por esa vez habían tenido suerte. Pero sabía que ese no era el caso para todos. Finalmente, levantó la mirada hacia ella, encontrando sus ojos llenos de tristeza, y respondió:
—No lo sé... —dijo honestamente—. Pero... si hay alguien allá afuera, espero que sepan que necesitamos ayuda. Tal vez algún día nos escuchen... o tal vez podamos encontrar la manera de salir nosotros mismos.
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Sombras de Esperanza [Collei x Tu]
RomanceEn lo profundo de un oscuro laboratorio, jóvenes almas sobreviven en medio del miedo y la desesperación. Son víctimas de crueles experimentos, prisioneros de los fríos y crueles Fatui. Entre ellos, hay dos que han encontrado algo inesperado ...una p...