Capitulo 67

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Cuando el abogado se retira, cierro la puerta y vuelvo a mi escritorio, cruzando los brazos mientras miro a Isabella. La tensión en el aire es palpable, y ella me sostiene la mirada sin rastro de arrepentimiento. Sus ojos están cargados de una mezcla de enojo y desafío, claramente preparada para enfrentarse a mí.

-¿Qué es esto, Isabella? -le pregunto, manteniendo la calma, aunque por dentro siento el enojo creciendo-. ¿Por qué vienes aquí interrumpiendo una entrevista? Ya hablamos de este tema.

Ella aprieta los labios, sus manos en los costados de la cadera, y da un paso adelante.

-No, Arturo, no hemos terminado de hablar. ¿Piensas en serio dejarme fuera después de todos estos años? ¿Dejar que alguien más tome mi lugar en el bufete? He trabajado duro, y tú lo sabes.

Sus palabras están llenas de resentimiento, pero hay algo más ahí, una vulnerabilidad que apenas se deja entrever. Suspiro, tomando un momento para ordenar mis pensamientos. No quiero hacer esto más difícil de lo que ya es, pero Isabella necesita entender que esta decisión no ha sido fácil para mí tampoco.

-Isabella -le digo en un tono bajo y firme-, no se trata solo de trabajo. Nuestra relación profesional se ha vuelto insostenible por... razones personales, y tú lo sabes. Esto no es algo que pueda cambiar, y seguir aquí solo empeorará las cosas para los dos.

Ella frunce el ceño, como si mis palabras le causaran más dolor que enojo. Toma aire, y cuando habla, su voz es un susurro tembloroso.

-¿Entonces eso es todo? ¿Solo porque Teresa está en tu vida ahora, yo debo desaparecer? ¿Despedirme de esta firma, de lo que hemos construido?

Su mirada se nubla, y por un segundo veo algo de la persona que solíamos ser juntos, de los años compartidos en este lugar y en mi vida. Pero sé que no puedo permitirme flaquear ahora, no cuando Teresa y Estrella se han convertido en el centro de todo para mí.

-No es solo eso, Isabella. Aprecio todo lo que hiciste aquí, pero mi vida ha cambiado. No puedo seguir teniendo a alguien en el equipo que... bueno, que no respete mis decisiones personales. Este es mi último intento de hacer esto de manera amistosa.

Ella aprieta los puños, su expresión se vuelve fría y distante.

-Amistosa... -murmura con amargura, como si la palabra le supiera amarga-. Pues bien, Arturo. Haz lo que quieras. Pero no pienses que me iré sin pelear.

Sin decir más, gira sobre sus talones y sale de la oficina, cerrando la puerta con fuerza detrás de ella. Respiro profundamente, tratando de sacudir la tensión que dejó su visita. Me siento en mi escritorio y trato de concentrarme en las entrevistas, pero sus palabras siguen resonando en mi mente.

No puedo negar que esta situación me pesa. A pesar de nuestras diferencias y de todo lo que ha pasado, Isabella y yo compartimos muchos años, y eso es difícil de olvidar. Pero ahora tengo otras prioridades. Teresa y Estrella son mi familia, y debo protegerlas.

Mientras trato de enfocarme, siento el teléfono vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Es un mensaje de Teresa. Me tranquiliza ver su nombre en la pantalla, como un recordatorio de todo lo que he ganado al elegir esta nueva vida.

Teresa: "Espero que tu mañana esté siendo tranquila. Estrella y yo te extrañamos. ¿A qué hora vuelves?"

Sonrío al leer su mensaje, recordando el beso en su frente esta mañana. Respondo rápidamente, asegurándole que volveré tan pronto como termine el trabajo, aunque sé que el día apenas empieza. Guardo el teléfono y miro alrededor de la oficina, decidido a enfrentar lo que venga.

El resto de la mañana pasa entre entrevistas y papeles, hasta que llega la hora del almuerzo. Decido tomarme un respiro y bajar al comedor para comer algo. Mientras camino por el pasillo, veo a varios colegas trabajando, hablando, riendo... y entonces noto una figura familiar: Isabella, que está en la cafetería, sentada sola y con el rostro perdido en sus pensamientos.

Por un instante, pienso en pasar de largo y no decir nada, pero algo en su expresión me hace detenerme. Dudando, camino hacia ella y me siento en la mesa de enfrente. Ella me mira sorprendida, y luego aparta la vista, cruzando los brazos.

-¿Qué quieres, Arturo? -pregunta con voz cansada.

La observo por un momento, buscando las palabras adecuadas.

-Solo quería asegurarme de que entendías mi decisión. No fue fácil para mí, Isabella.

Ella no responde de inmediato. En su mirada, veo el rastro de lo que alguna vez compartimos, y eso me recuerda que, aunque nuestras vidas han cambiado, hubo un tiempo en que nos apoyamos mutuamente.

-Nunca pensé que esto terminaría así, Arturo -dice finalmente, su voz apenas un susurro.

-Yo tampoco, Isabella. Pero hay cosas que no podemos cambiar.

Se queda en silencio, y yo también. No hay mucho más que decir. Finalmente, me levanto y la miro una última vez antes de regresar a mi oficina, sabiendo que aunque nuestros caminos se separen, cada uno de nosotros llevará un pedazo de la historia compartida, un recuerdo de lo que fue, y la determinación de seguir adelante en nuestras nuevas vidas.

Teresa Donde viven las historias. Descúbrelo ahora