Salutem

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Nuestra mente, nuestro mayor enemigo. Es aquella que nos lanza al abismo en un pestañeo, un día estas en la más alta montaña del mundo y al otro simplemente puedes estar bajo tierra. Tenemos diferentes tipos de colores, diferentes formas de ver el mundo, quizás algunos viven en la fantasía otros viven en la realidad. Príncipes y princesas no pertenecen al mundo de la realidad, en lugar de ello, hay piratas, embacaudores y prófugos.

Jekoun, era una chica muy curiosa. Tímida y con muchos miedos. Tenia una piel pálida, ojos oscuros pequeños, mejillas rojas y su complextura física estaba bien adornada. De pequeña siempre fue perseguida por los niños, pero les tenia un odio.

Jekoun, se encontraba en su cuarto, cuando a lo lejos se escucho un fuerte ruido. Su padre, había llegado ebrio otra vez, empezaba a gritar. Ella se escondió debajo de la cama tan rápido como pudo.
- ¡Donde demonios estas! - Decia con suma furia su padre. Su voz era gruesa, daba temor con tan solo escucharle. El era alto, tenia cabello rubio, tenia una cicatriz a lo largo de su mejilla, esa cicatriz, se la habia causado la madre de Jekoun tratando de salvarce. El habia jurado vengarse.

La madre de Jekoun bajo tan rapido como pudo las escaleras, tropezó con una muñeca que por descuido había dejado su hija. Cayo de rodillas, al levantar la mirada se encontró con el rostro de aquel hombre, aquel que le había echó la vida miserable. No solo a ella, también a su hija. Él la agarro del cabello obligando a levantarse, así lo hizo ella, de sus ojos salian pequeñas lagrimas y de su boca, quejidos.

- ¡No me hagas nada, por favor! - Suplicaba ella entre llanto. Trataba de que no sonara tan fuerte para que su hija no la viera de esa manera. Jekoun salio rápidamente de donde estaba, abrió la puerta con suavidad, sus manos estaban temblorosas, tenia frío y sus labios temblaban. Se acerco a las escaleras, bajo una por una, hasta llegar donde estaba su madre, de rodillas pidiendo perdón por algo que no tenia razón. Se escondió tras la pared, asomando solo un poco su cabeza para ver, pequeñas gotas salían de sus ojos.

Te he dicho que tienes que estar para tú marido, sin necesidad de que te llame debes estar aquí. - Decía apretando su cabello con más fuerza, y luego, le escupio en la cara.

Sin pensarlo Jekoun salio de donde estaba.

¡Sueltala! ¡No la lastimes más por favor! - Su voz se quebrantaba cada vez más, suplicaba que parara. Pero a el no le importaba, golpeaba una y otra vez, recibía golpes en su abdomen, piernas, cara. Jekoun no aguanto mas, y se tiro encima de su madre. ¡No dejare que la mates! - Gritaba con toda su voz, abrazo a su madre rodeando sus brazos en el cuello. No la quería soltar, aunque su madre intentara alejarla para que no saliera lastimada, ella se aferro con todas sus fuerzas. Los golpes no paraban, esta vez no solo afectaron a su madre, Jekoun también era lastimada.

Sus vecinos sabian lo que causaba este honbre sobrio o ebrio, pero no hacían nada. Le temían a aquel hombre. Keion - amigo de Jekoun -, escuchaba los ruidos, no podía dejar que algo le sucediera a Jekoun, decidido a acabar con aquel dolor, tomó una de las escopetas de su padre, salio de su casa iracundo. Se paro en la mitad de la puerta donde se enconteaba aquel hombre gritando, y dando golpes sin parar. No pudo ver más esa escena, y sin pensarlo....

Damn.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora