30 | Ackerbond

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𝒱𝒾𝒸𝓉𝑜𝓇𝒾𝒶

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que me había encerrado en la vieja oficina de mi padre, pero creía que el suficiente para que ya fuera bien entrada la madrugada y todos desistieran de intentar hablar conmigo.

Todos excepto Kenny, por supuesto, que se había mantenido fielmente a mi lado durante toda esa noche y ahora afilaba un cuchillo con toda la calma del mundo.

Yo estaba segura de que deseaba dormir, lo veía en sus ojos ebrios, pero jamás lo vi cabecear. Cada tanto sentía su mirada analizarme, seguramente expectante de si estallaría en llanto, furia o me desvanecería. Tal vez en sus pensamientos más positivos, Kenny esperaba que dijera que ya podíamos ir a dormir.

Pero yo no tenía planeado dormir.

Más bien, no podía.

—Gracias al cielo no eres un titán —rompió el silencio luego de tantas horas—. Si no, temería que explotes este lugar.

—Si fuera un titán, cabezas habrían rodado hace tiempo.

—Ya lo creo.

—¿Qué hubiera pasado si mi padre me hubiera transferido su titán?

—Serías un cascarón vacío, sabrías toda la verdad y no podrías hacer nada por nadie más que intentar protegerlos con el silencio. Eso acabaría consumiéndote, como sucedió con él.

—El deber es el deber.

Kenny rió secamente.

—Suenas igual que Uri. Te cuidó bien.

—Ahora veo hacia atrás, y es todo tan evidente que me siento estúpida —confieso—. ¿Por qué el rey le daría tanta importancia a la hija de un criminal? La mejor educación, un espacio junto a la familia real, un trabajo, tantas enseñanzas... Claro que el rey no estaba perdiendo el tiempo con una huérfana como pensaba.

—Siempre le recriminé que antes de morir debió decirte la verdad, merecías saberlo. Pero Uri tenía sus motivos, y eso te ha convertido en la reina que hoy necesitan. Pero tu prima...

—¿Hablas de Historia?

—Yo le echaría un ojo.

—Historia no quiere reinar.

—No, yo no digo que quiera arrebatarte el trono, pero esa mocosa tiene un instinto de heroína peligroso. Puede llegar a tomar malas decisiones creyendo que salvará a todos.

Suspiré, apartando mi mirada finalmente de los grandes jardines.

La corona pesaba sobre mi cabeza, pero me negaba a quitármela. Era mi cable a tierra.

Yo tenía la última palabra.

—¿Qué hago? ¿Prohíbo esa misión suicida? ¿Encierro a Erwin en una cárcel? ¿Me transformo en titán y los asesino a todos para que me dejen en paz?

—No hace falta ser un titán para hacer una masacre, te lo digo por experiencia.

—Mejor no des consejos.

—Bien —alza sus manos defensivamente, pero la realidad es que el cuchillo en su mano no lo hace precisamente ver indefenso—. No puedes prohibir la misión, aunque no te guste, es necesaria.

—Los estoy enviando a morir.

—Tú no los envías, ellos lo eligieron. Llevan el último año peleando por esto.

—No quiero que muera Levi, ni Erwin, ni ninguno de esos chicos.

—Desde que eligieron ser parte de la Legión, han perseguido ese final, y te aseguro que para esos locos, morir en batalla es un gran honor.

Victory | Levi Ackerman x oc x Erwin SmithDonde viven las historias. Descúbrelo ahora