Uri llegó corriendo como un tornado hasta donde Kuchel leía y su tío abuelo dormitaba.
—¡KENNY! ¡KENNY! ¡KENNY! —gritó, desesperado.
Kenny no se movió, fingiendo no oírlo.
—¡KENNY!
—No te quiere oír, dice que está muy estresado —murmuró Kuchel, pasando de página sin levantar la vista.
—¡Tío Kenny, hay dos sujetos raros, MUY raros! —aclaró, jadeando—. Se bajaron de sus caballos, cerca del lago... ¡Creo que me vieron!
Kenny abrió un ojo, con evidente desgana.
—¿Dos sujetos?
El niño asintió, aterrado.
—Mamá dice que si veo desconocidos, le pida ayuda al adulto más cercano.
—Yo ya no soy un adulto, soy un vejestorio, así que cuéntaselo a tu madre o a tu tía. A mí no me jodas el día, mocoso.
—¡Pero tío!
—Kuchel, tráeme la escopeta —suspiró Kenny.
—Mamá no me deja tomar armas, tío Kenny.
Kenny resopló.
—Tu madre me tiene harto —dijo, poniéndose de pie y tomando el hacha que había dejado abandonada horas atrás, cuando decidió que no quería ser esclavo de dos mujeres—. Esto servirá. Vamos.
—¿Cómo que "vamos"? —dijo Kuchel, ofendida—. Si son asesinos o secuestradores...
—Yo los llamé —soltó Kenny con indiferencia—. Me cansaron y me ofrecieron un buen dinero por ustedes dos.
Uri gritó aterrado, Kuchel resopló con fastidio.
Para tener once años, ambos niños tenían una personalidad bien marcada y, aunque Kenny nunca se los diría, no imaginaba envejecer con mejor compañía que esos dos.
—Vamos, vamos, antes de que se arrepientan —se burló el mayor.
Los niños lo siguieron a través del bosque hasta que, efectivamente, encontraron dos caballos y a dos sujetos de espaldas. Kenny resopló con fastidio.
—Pedazos de mierda, están arruinando la belleza de este lugar.
—Siempre tan amable, Kenny.
Kenny dejó caer el arma, tomó a Uri en brazos, ignorando los gritos desaforados del niño, y lo alzó en dirección a los hombres.
—¿Cuánto me das por este?
—¡MAMÁ! ¡TÍA! ¡MAMÁ! ¡AYUDAAAAA!
—Le puedo cortar la lengua si prefieres.
—¡MAMÁ!
—¡KENNY! —se oyó un grito furioso a lo lejos—. ¡DEJA DE TORTURAR A MI HIJO!
—Bueno —lo soltó desde lo alto. Uri cayó sobre su trasero y se quejó entre sollozos—. ¿Por qué no la mocosa? Sabe leer y escribir, y va al baño sola, no como este.
—También sé usar una navaja. Si quieren, podemos comprobarlo —gruñó la menor.
—Tiene sus vacunas al día, no les contagiará la rabia.
Uno de los hombres avanzó un paso.
—No esperaba este recibimiento.
—Bueno, te has ido mucho tiempo, enano.
—Pero sigues vivo. ¿Cómo es que sigues vivo? Pensé que saludaría tu tumba.
—¡JA! Me robo la vitalidad de estos mocosos.
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Victory | Levi Ackerman x oc x Erwin Smith
FanfictionDonde Victoria es una doncella más de la corte de los Reiss, y ha conquistado al comandante y al soldado más fuerte de la humanidad.
