PRESENTE
La luz del hospital se reflejaba en las estériles paredes blancas, llenando la habitación con un frío resplandor. Luisita estaba en la cama, rodeada de máquinas que, con sus constantes pitidos, tranquilizaban la atmósfera. Amelia le sostenía la mano, y en sus ojos se reflejaban la preocupación y el cansancio.
Luisita, con dificultad, entreabrió los ojos, mirando a Amelia.
– Qué... qué pasó? – preguntó, semiconsciente, su voz apenas audible.
Amelia apretó los labios, intentando contener las lágrimas.
– Tuviste un accidente, cariño. Tenía mucho miedo por ti. – Su voz temblaba, llena de preocupación.
Luisita hizo una mueca, tratando de mover la cabeza.
– Me duele el cuello... y la espalda. Ve a buscar una enfermera, que me den algo – gimió.
Amelia le acarició el hombro.
– Hace poco te dieron algo en la gota – dijo suavemente.
Luisita respiró pesadamente.
– Entonces que dupliquen la dosis – murmuró, intentando no moverse demasiado.
Amelia la miró, asustada.
– Luisita, yo... realmente te quiero. No quiero perderte. Pero tienes que tratarte. Estás enganchada a esos medicamentos. – Su voz estaba llena de dolor.
Luisita desvió la mirada.
– No necesito tu ayuda, sobre todo de ti – siseó, aunque en su voz había un tono de agotamiento. – Fue por ti que tuve ese accidente. Si no fuera por esa maldita apuesta con Nacho, ahora sería feliz.
Amelia suspiró, bajando la mirada.
– Sí, fue una tontería... Pero al menos encontré el amor de mi vida – dijo, señalando a Luisita con el dedo e intentando sonreír. – Si no fuera por esa apuesta, ni siquiera te habría mirado. Tú eras una chica escuchando música hip hop que yo nunca hubiera escuchado.
Luisita levantó una ceja, aunque cada movimiento le resultaba difícil.
– Y tú rompedora de corazones, y levantando la nariz – respondió sarcásticamente. – Y ahora? Vas a ser mi niñera?
Amelia se encogió de hombros.
– Niñera, esposa, amiga, amante... lo que quieras.
Luisita resopló.
– No quiero tu ayuda ni a ti en mi vida. No necesito una amante así – dijo, y en su voz sonaba enojo. – Qué, te excita que esté en esta cama? Quizás hagamos una apuesta, a ver quién llega primera al orgasmo.
Amelia se acercó a ella, mirándola a los ojos.
– No te permitiré que me ignores. Estaré aquí contigo. Con vos y nuestra hija, porque Victoria nos necesita.
Al oír el nombre de su hija, Luisita se suavizó por un momento. Tocó la mano de Amelia, quien la miró sorprendida, y luego besó su mano.
– Victoria sabe sobre el accidente? – preguntó Luisita en voz baja.
Amelia sacudió la cabeza.
– No quería preocuparla. Manolita se está ocupando de nuestra niña, y yo estaré aquí contigo toda la noche.
Luisita abrió la boca, queriendo decir algo, pero Amelia se inclinó y cerró sus labios con un beso. Luisita correspondió al beso, a pesar de que en su corazón aún luchaban emociones contradictorias.
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Solo 5 minutos
RomanceAmelia, es una chica rica tiene 18 años enamorada de sí misma. Ella tiene un objetivo en la vida, tener muchas chicas como sea posible. Para celebrar el cumpleaños de Amelia, su mejor amigo Nacho hace una apuesta. Si Amelia enamora a la hermosa ner...