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No sé cuando dejó de escribirme cartas, solo sé que sobraba el papel blanco y la tinta negra. Los sentimientos estaban muertos y las lágrimas secas. Solo quedaban cicatrices en las manos, en el alma. Esas eran imborrables.

Solo escuchaba mi corazón en aquella casa tan vacía, tan silenciosa que abrumaba. Tan llena de mi y nada de él. Borrado, como si nunca estuvo allí realmente.

Enamorada de quien no enciende el infierno por mi. Dante cruzó todo el infierno por Beatriz. El apenas y cruzó el charco sin ensuciarse en el proceso.

BipolaridadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora