Hubo algunos incidentes menores en los días siguientes, pero nada nuevo de su cazador de híbridos. Los eventos parecían sugerir que se había escondido porque Superwoman lo estaba siguiendo. Era un poco frustrante saber que todavía estaba allí, pero las cosas pudieron calmarse un poco. Lo suficiente, al menos, para que sus madres relajaran un poco las reglas del arresto domiciliario. Ellie ya no tenía que ser escoltada a casa. Confiaban lo suficiente en ella para encontrar el camino de regreso al DEO o al ático después de la escuela.
El autobús la dejó en la 5ta. Aún quedaban al menos dos paradas entre ella y la sede del DEO, pero le gustó la caminata. Noonan's también estaba entre ella y su destino, y definitivamente tenía ganas de chocolate caliente.
La ciudad bullía alrededor de la chica, un zumbido constante y próspero con el que hacía tiempo que se sentía cómoda. Era un ambiente agradable y propio, por lo que se quitó los auriculares y dejó que el ruido la inundara. Probablemente por eso oyó el grito.
Hay dos tipos de personas: las que huyen cuando alguien grita y las que corren hacia él. En la gran ciudad, era más probable encontrar a las primeras. Sucedían cosas y no podías negar esa especie de fuerza normal del "no es asunto mío", el deseo de seguir con tu día y no involucrarte en algo que no entendías o que podría causarte más problemas. Era una técnica de supervivencia.
Pero eso no era lo que hacían los héroes. Si se trataba de huir o de volver, Ellie provenía de una familia de estos últimos. Al mismo tiempo, sin embargo, mentiría si negara que no había una pequeña parte de ella que se recordaba a sí misma que el peligro era la pieza que le faltaba en sus experimentos.
Podría haber sido cualquier tipo de incidente con el que se topó. Un asalto, un secuestro. Fue solo una casualidad que se encontrara con un ataque antialienígena. Ellie había seguido el grito calle abajo hacia un callejón. Se detuvo justo en el borde y miró por la esquina, donde vio a dos hombres de pie sobre un tercero, este con escamas visibles y piel verde oliva.
—Por favor —dijo el hombre en el suelo, con una voz que sonaba como si estuviera acuoso —Tomen mi dinero, pero no me hagan daño— Le tendió una billetera. Uno de los hombres la apartó de un manotazo.
—No queremos tu sucio dinero, verdecito — gritó.
Ellie se apretó contra la esquina de la entrada del callejón. La lógica le gritaba que buscara ayuda. Esto podría ser muy, muy peligroso, especialmente con los recientes acontecimientos. Sin embargo, se recordó a sí misma que el cazador híbrido era solo una persona. Esta eran dos. Aun así, sus ojos miraron hacia su muñeca. Su mano manoseaba una pulsera allí, la que Jeju y mamá le habían dado hace mucho tiempo. Era elegante, con una banda de plata y un juego de tres gemas en el centro. Una por mamá, una por Jeju, una para ella. Sin embargo, el verdadero propósito de la misma era el dispositivo de señalización ultrasónica incrustado en el interior. Todo lo que tenía que hacer era apretar la pieza central y una llamada de socorro que solo un Súper podría escuchar sonaría instantáneamente.
La lógica le decía que debía presionar de inmediato. En cambio, se bajó la manga sobre el brazalete y entró en el callejón. Los dos hombres seguían acechando al tercero, un hibóreo, a juzgar por su aspecto. Parecía aterrorizado. Los hombres parecían estar discutiendo la mejor manera de desahogar su frustración por los supuestos desaires que les había hecho el hibóreo. Ellie se puso firme.
—¡Ey! —gritó, y los hombres se dieron la vuelta de inmediato. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la chica. Eran, cada uno, una cabeza más altos y pesaban al menos 45 kilos más que ella. Respiró profundamente—. ¡Déjenlo en paz! —
Los hombres la evaluaron y parecieron llegar a una conclusión mutua. Uno de ellos levantó la barbilla en su dirección. —Sigue tu camino, pequeña. Ve a jugar a ser la heroína a otro lado—Comenzó a volverse hacia su presa.
—Creo que voy a hacerme el héroe ahora mismo. Muchas gracias—, respondió Ellie, para su euforia. Vaya, resulta que el ingenio surge de manera natural.
—¿Eres amiga de este verdecito? —preguntó el otro hombre mientras daba un paso hacia ella.
—No — dijo —Pero seguro que no es mi enemigo— Hizo un gesto con la cabeza hacia los hombres— Aun no ha decidido nada sobre ustedes dos —
Dieron otro paso adelante. Ellie empezó a pensar en sus opciones. La mejor apuesta seguía siendo el brazalete. El tiempo de respuesta podría ser de un par de minutos, pero ambos fanáticos estarían cantando una melodía diferente cuando Superwoman apareciera en el callejón. Dejó eso de lado. Había estado entrenando casi todas las semanas con un agente entrenado del DEO durante la mayor parte de un año. Sabía cómo manejarse.
No se molestó en preguntar si los dos hombres también sabían cómo atacar.
Se acercaron más y se cernieron sobre ella tanto como sobre el hibórea. —Última oportunidad—dijo uno de ellos.
Ellie sintió su sonrisa burlona, más que nada como un reflejo. —Estaba a punto de decirte lo mismo —
No se impresionaron. El que estaba a su derecha dio un paso adelante. El pie de Ellie salió disparado y conectó con la rodilla del otro mientras ella lanzaba un backlist hacia la primera.
Primera lección de la Escuela de Lucha de Alex Danvers: no existe tal cosa como turnarse. La forma más rápida de terminar una pelea es lanzar el primer puñetazo y hacerlo lo suficientemente fuerte como para no necesitar un segundo.
El hombre de la izquierda se desplomó con un grito. El de la derecha esquivó su puño y conectó el suyo. La chica se agachó y se dio la vuelta para atacar de nuevo. Resultó que no era la primera pelea de su oponente. De hecho, sospechó que se trataba de un exmilitar por la forma en que interceptó su pie. Se dio la vuelta y levantó la otra mano para golpearlo en la mejilla, arrojándolo al suelo y a ella también. Se levantó rápidamente, justo antes de que el otro hombre, ahora recuperado, le pasara un brazo por el cuello.
El hombre levantó a Ellie del suelo, justo cuando su amigo también se estaba sacudiendo el polvo. Ellie miró a su alrededor frenéticamente, incapaz de romper el agarre. Si alguna vez había un momento para que apareciera un poder oculto y desconocido hasta entonces, sería este.
No fue así. Lo que sí apareció fueron un par de patrullas del NCPD que se detuvieron frente a la entrada del callejón. Los hombres los vieron y dejaron caer al adolescente como si fuera un saco de patatas. Salieron corriendo, pero se encontraron con otro coche al final del callejón, un suburbano negro. Los hombres no llegaron muy lejos.
Ellie tosió y farfulló en el suelo del callejón, más que nada por vergüenza. De repente, un policía se paró a su lado.
—¿Está bien, señorita? —, preguntó el policía.
—Estoy bien — tosió Ellie — Estoy bien — Intentó levantarse. El policía le puso una mano en el hombro.
—¿Por qué no se queda quieta, señorita? —, insistieron. —Los paramédicos están en camino—
Ellie intentó resistirse, pero no parecía tener sentido. Espió por encima del hombro y vio que otro oficial ayudaba al hibóreo. Al menos eso era bueno. Se dio la vuelta y se sentó en el pavimento.
—¿Puede decirme su nombre? —, preguntó el oficial que estaba a su lado.
—Eh, Ellie —dijo la chica—. Ellie Danvers-Luthor.
El policía arqueó una ceja. Tenían que reconocer al menos uno de esos nombres.
—¿Danvers-Luthor? —, repitieron.
—Sí —dijo Ellie, preocupada—. En cuanto a eso, ¿quizás podríamos prescindir del nombre para que conste en acta? —
—Yo me encargo de ahora en adelante, sargento —dijo otra voz, una que Ellie reconoció.
El oficial miró más allá de la chica y asintió antes de ir a ayudar a uno de sus colegas con los dos agresores. Ellie, mientras tanto, se familiarizó con un punto en la calle frente a ella, tratando con todas sus fuerzas de no notar, en absoluto, la figura que ahora estaba parada justo a su lado. Finalmente, ya no pudo fingir ignorancia por más tiempo.
Ellie miró a la cara al director del DEO, Alex Danvers. No había palabras para describir la mirada que le dirigió su tía.
Mierda ...
<3
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La Última Hija
FanfictionEllie Danvers-Luthor sabe que es afortunada, realmente bendecida. Tiene una gran familia, gente que la apoya y dos de las mejores madres que se pueden pedir. Entonces, ¿por qué está tan concentrada en lo único que no tiene? Bueno, cuando una de tus...
