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"Los síntomas de la Locura son bastante fáciles de detectar en etapa temprana: fiebre, sudores, sarpullidos, vomitar sangre, ojos enrojecidos y sudoración excesiva.

Los síntomas de la Locura en una fase más avanzada son una tortura para el paciente: dolor interminables, alucinaciones, convulsiones, crecimiento anormal de las uñas, caída de cabello.

Los síntomas de la Locura en la fase final de la enfermedad es el infierno en la tierra: pérdida total de la cordura, caída de dientes, necrosis en diferentes partes de la piel... y una lista interminable más...

Diario científico del doctor Nicholas. Pág. 174"

Ivy entró, siguiendo al doctor y al idiota de la Orden (según ella), en una de las habitaciones destinadas a los pacientes que necesitaban atención médica bastante urgente. En la habitación, para su sorpresa, se encontraba la chica de pelo negro que ya había visto anteriormente aquel día en el callejón. Estaba recostada en la cama con uno de los brazos bastante ensangrentado y con una pequeña mueca de dolor. Ivy respiró hondo. No le gustaba demasiado la sangre pero no tenía otro remedio. Le había tocado este trabajo.

Era ese o trabajar en el vertedero.

El doctor Nicholas se acercó a la chica y empezó a examinarle el brazo. Como llevaba una camiseta de tirantes, no hizo falta mucho rato para que el doctor detectara el problema.

—Tiene un corte profundo—dijo el doctor—. ¿Cómo ha pasado?

El soldado Marsh se cruzó de brazos. Ivy pudo observar cómo se le marcaban todos los músculos del brazo. Se reprendió mentalmente por pensar en ellos.

—Hubo un pequeño disturbio en una fábrica—dijo la chica—. Tuvimos una pelea y me empujaron contra una ventana. El cristal se rompió y me cortó el brazo.

El doctor Nicholas le dirigió una mirada silenciosa y asintió.

—Ivy—dijo sin moverse del lado de la chica—. Hay que coserle el brazo. Encárgate tú mientras hablo con el soldado Marsh.

Ivy se sorprendió. El doctor Nicholas era normalmente quién se encargaba de estos casos. Casos un poco más complicados para gente que, como ella, no tenía formación médica explicita. El doctor salió de la habitación seguido del soldado Marsh. Ivy suspiró y acercó el instrumental médico al lado de la chica.

La chica no dijo nada mientras Ivy se colocaba a su lado y le limpiaba un poco la sangre para poder coserla. No era inexperta. Había practicado antes... unas dos veces.

—Necesito que te sientes y te quedes quieta—le dijo Ivy a la chica y ésta hizo caso sin decir ninguna palabra. Ivy empezó con el procedimiento con las manos un poco temblándole. Respiró hondo y empezó con la faena.

—Eres guapa—dijo la chica sin ningún motivo.

Ivy se sobresaltó y la miró a los ojos. Eran de un azul gélido y se preguntó si se lo había imaginado o no.

—No me malinterpretes—dijo la chica—. No me gustas. Solo digo que tienes belleza... Eso puede resultar un problema.

Ivy la miró muy extrañada. ¿Seguro no se había dado un golpe en la cabeza también? ¿Por qué estaba diciendo cosas tan extrañas?

—Hermes también es bastante guapo—dijo la chica—. Aunque te parezca idiota, en el fondo creo que tiene un buen corazón.

Ivy no dijo nada. De todas las conversaciones que había tenido en su vida, esta era una de las más extrañas.

—¿Te duele algo? —preguntó Ivy después de un rato en que ninguna pronunció ninguna palabra—. ¿La cabeza o algo?

La chica se rio y formó una sonrisa en su cara.

La ciudad protegida (Silencio y Soledad)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora