Capitulo 7

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Cinco no respondió con palabras. Simplemente se acomodó junto a Marjorie, envolviéndola en sus brazos como si con eso pudiera protegerla de todo lo que la atormentaba. Ella suspiró contra su pecho, su cálido aliento cosquilleándole la piel.

—No quiero que esto sea un error… —susurró ella, con la voz cargada de dudas y la ebriedad disipándose poco a poco.

Cinco deslizó sus dedos por su cabello, jugueteando con un mechón suelto antes de responder.

—No lo es. Nada de lo que sientas puede ser un error, Mar.

Ella cerró los ojos, dejando que sus palabras la envolvieran como una manta cálida en medio del invierno. No había razón ni lógica en lo que sentían, pero tampoco había culpa. Solo estaba el deseo ardiente de pertenecer el uno al otro, sin importar el mundo que los rodeaba.

—¿Qué va a pasar cuando amanezca? —preguntó ella, apenas en un murmullo.

Cinco acarició su mejilla con suavidad, su mirada clavada en la de ella.

—Lo que tú quieras que pase.

Marjorie sonrió levemente antes de acurrucarse contra él, sintiendo cómo el latido de su corazón marcaba el compás de su propia respiración. Tal vez todo estaba mal. Tal vez el mundo los condenaría por lo que sentían. Pero en ese momento, entre sábanas y suspiros, eso no importaba.

El amanecer filtró su luz tenue a través de las cortinas, pintando la habitación con tonos dorados y cálidos. Marjorie sintió el peso de un brazo sobre su cintura y, por un momento, no quiso abrir los ojos. Se aferró al calor que la envolvía, al latido constante contra su espalda.

Pero entonces la realidad la golpeó.

Su mente aún estaba nublada por la resaca, pero recordaba lo suficiente: la ebriedad, sus confesiones, los besos robados y la forma en que Cinco la sostuvo toda la noche.

Sintió cómo su respiración se volvía errática, su pecho subía y bajaba con ansiedad. ¿Qué había hecho?

Intentó moverse con sigilo, separarse de él sin despertarlo, pero en cuanto lo intentó, su agarre se tensó.

—No te atrevas —murmuró Cinco con la voz ronca del sueño.

Marjorie se quedó inmóvil.

—Cinco…

Él hundió el rostro en su cuello, dejando un beso perezoso en su piel.

—¿Piensas huir? —preguntó con un tono divertido pero con una nota seria escondida en sus palabras.

Ella apretó los ojos, luchando con el torbellino en su pecho.

—No lo sé… —admitió en un susurro.

Cinco suspiró y, con lentitud, se incorporó hasta quedar sobre su codo, observándola con detenimiento.

—No me arrepiento de nada, Mar. ¿Y tú?

Ella tragó saliva. ¿Se arrepentía? No del todo. Pero sí tenía miedo.

—No sé qué somos, Cinco…

Él sonrió con ese aire de seguridad que la volvía loca.

—Somos dos idiotas que se aman donde nadie los ve —susurró, acercándose a su rostro—, pero si me dejas, te amaré incluso cuando todos lo vean.

El corazón de Marjorie se desbocó.

—Eres peligroso… —murmuró ella.

Cinco sonrió contra sus labios.

—Y tú eres mi perdición.

Y con esa última confesión, la besó de nuevo, con la intensidad de alguien que sabía que ya no había vuelta atrás.

"Éramos un secreto en la oscuridad, pero en su abrazo encontré la única verdad que jamás quise ocultar." ❤

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