El resto de la mañana transcurrió en una calma engañosa. Marjorie y Cinco permanecieron en la cama, enredados entre las sábanas y el silencio cómplice que compartían. Pero cuando el reloj marcó las diez, la realidad golpeó con fuerza.
Un fuerte golpe en la puerta los hizo sobresaltarse.
—¡Marjorie! —La voz de Diego resonó al otro lado—. ¿Estás ahí?
Los ojos de la pelirroja se abrieron de golpe, y el pánico se apoderó de ella.
—¡Mierda! —susurró, empujando a Cinco para que se moviera.
Él rodó los ojos, completamente tranquilo.
—Relájate, no hemos hecho nada ilegal… técnicamente.
—¡No es gracioso! —bufó ella, incorporándose rápidamente y arreglándose el cabello con desesperación.
Otro golpe en la puerta.
—Marjorie, Klaus dice que anoche estabas hecha un desastre. ¡Abre de una vez!
Cinco se estiró perezosamente, sin intención de moverse.
—Déjalo entrar —dijo con una sonrisa traviesa—. Veamos qué tan rápido puede atar cabos.
—Cinco, salta por la ventana o algo —susurró ella, empujándolo hacia el otro lado de la cama.
Él arqueó una ceja.
—Soy un Hargreeves. No huyo.
—¡MARJORIE!
—¡YA VOY! —gritó ella, desesperada.
Sin más opción, tomó la almohada y se la lanzó a Cinco en la cara. Él dejó escapar una risa baja y finalmente se teletransportó, desapareciendo en un parpadeo.
Marjorie respiró hondo y abrió la puerta con una sonrisa forzada.
—Diego… ¡Hola!
Él la miró con el ceño fruncido, observándola de arriba abajo.
—Pareces como si hubieras dormido poco… y mal.
Ella rió nerviosa.
—Eh… bueno, resaca, ya sabes…
Diego entrecerró los ojos, pero no insistió.
—Papá quiere vernos en la sala. Algo sobre una nueva misión.
—Genial… —murmuró ella, sintiendo su estómago revolverse.
Mientras lo seguía, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que esto era solo el comienzo de algo que podría cambiarlo todo.
Marjorie descendió las escaleras con una sensación de inquietud pegada a la piel. Cinco ya estaba allí, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, observándola con una media sonrisa. Sus miradas se encontraron solo un instante, pero fue suficiente para que un escalofrío le recorriera la espalda.
—Por fin, pensé que te habías quedado dormida —murmuró Klaus, lanzándole una mirada de complicidad.
—Solo estaba asegurándome de que mi cabeza no explotara —respondió con una sonrisa tensa.
Reginald Hargreeves estaba en el centro de la sala, con su mirada severa recorriendo a cada uno de ellos.
—Veo que todos están aquí —dijo con su tono frío de siempre—. Tenemos trabajo que hacer.
Marjorie se esforzó por concentrarse en lo que su padre decía, pero la presencia de Cinco a su lado hacía que todo lo demás pareciera irrelevante.
—Hemos recibido información sobre una anomalía temporal en el centro de la ciudad —continuó Reginald—. Algo que, si no se maneja con precisión, podría alterar la línea temporal de forma irreversible.
Cinco frunció el ceño y enderezó la postura.
—¿Qué tan grave es?
Reginald lo miró con una expresión calculadora.
—Lo suficiente como para requerir tu experiencia en el manejo del tiempo.
—Genial… —Cinco suspiró, frotándose las sienes—. Otra crisis existencial antes del desayuno.
—Necesito que todos estén alerta. No sabemos qué encontraremos allí —finalizó Reginald—. Prepárense. Salimos en veinte minutos.
Uno a uno, los Hargreeves comenzaron a dispersarse, pero Marjorie se quedó en su lugar. Cuando la habitación estuvo casi vacía, Cinco se acercó a ella, inclinándose ligeramente para susurrarle al oído.
—¿Sigues asustada?
Marjorie tragó saliva y lo miró de reojo.
—No sé qué va a pasar ahora… —admitió en un susurro.
Cinco sonrió con suavidad y deslizó su mano por la de ella, apenas un roce fugaz.
—Entonces descubramoslo juntos.
Y con esas palabras, desapareció en un parpadeo, dejando a Marjorie con el corazón latiendo desenfrenado y la certeza de que nada volvería a ser igual.
"El destino nos empuja al caos, pero si es a tu lado, estoy dispuesta a perderme en él."☕❤️
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La Mayor
Genç KurguSiempre obligada a ser la perfecta, maldita por un pecado...LA LUJURIA
