Prólogo.

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Durante incontables generaciones, el hielo gobernó la tierra.

Glaciares del tamaño de montañas avanzaban y retrocedían con una lentitud imposible de medir para los mortales. El viento cortaba la piel, la noche se extendía sin piedad y el fuego era un milagro que debía defenderse con la vida, porque su ausencia era presagio de muerte. En ese mundo blanco, el ser humano aprendió a sobrevivir.

 En ese mundo blanco, el ser humano aprendió a sobrevivir

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Los hombres hablaban. Cazaban. Dejaban marcas en la piedra para no olvidar su pasado. Sabían que no eran dueños del mundo, apenas huéspedes frágiles en un territorio de colmillos y frío.

Allí caminaban los Mamuts, gigantes cubiertos de espeso pelaje. Bestias antiguas.

El equilibrio era simple y brutal: cazar o morir, resistir o desaparecer.

El equilibrio era simple y brutal: cazar o morir, resistir o desaparecer

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Pero incluso en un mundo que parecía eterno, algo empezó a cambiar.
Una fuerza que no obedecía las reglas conocidas.
Una presencia que avanzaba con la tormenta, trayendo miedo, destrucción y caos.

Y así, en el silencio blanco de la Era del Hielo, el ser humano dio un paso más hacia convertirse en algo imparable.

Y así, en el silencio blanco de la Era del Hielo, el ser humano dio un paso más hacia convertirse en algo imparable

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La caída de los Mamuts.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora